20 dic. 2009

El ¿arte? cinegético en los medios

Hace menos de una semana, por la noche, vi uno de esos reportajes que se han puesto tan de moda en los últimos años, a pie de calle, con un reportero y una cámara para captar lo que se cuece en las calles, en la estela de Callejeros. El programa en cuestión se llama A Fondo: Zona Cero, de Antena 3 y en su última edición se centraba en el turismo de invierno. Cruceros, el Transcantábrico, el Camino de Santiago y, en Andalucía –más concretamente en la sierra de Andújar- el “arte” (¿arte? ¿Como el de Picasso o Dalí?) cinegético. Es decir, aquellas personas –hombres, mujeres, jóvenes y mayores- que disfrutan disparando contra ciervos y otros animales, arrastrándolos por los cuernos y despiezándolos como actividad de ocio invernal. Vamos, que unos se van de crucero a bailar y otros se van a Sierra Morena a matar “venaos”.

Tras ver el disfrute de aquélla gente al acabar con la vida de indefensos animales, comencé a enlazar cuestiones para poder publicarlo en este blog sobre periodismo. Más que nada era un deseo de escribir en algún sitio sobre mi desprecio a la caza, con la excusa de que le habían dado cobertura en un medio de comunicación. Pero bien mirado, aparte de mostrar mi repudia por esa actividad, también podría pararme a reflexionar sobre la cantidad de publicaciones y programas de televisión y radio que difunden y ensalzan lo que ellos llaman un arte.

Frente a los típicos reportajes de La 2, Canal Sur 2, National Geographic y, tiempo atrás, del amigo Félix, que nos muestran lo lleno de vida que está nuestro mundo, están aquellos que, aunque reivindican la bravura del toro, la elegancia del ciervo o la rapidez del conejo, gozan todavía más cuando la sangre de esos animales se derrama por el suelo. Jara y Sedal, Toros para Todos, retransmisiones de corridas taurinas, las páginas dedicadas al toreo en los grandes diarios españoles (a excepción de Público), etc. son sólo una muestra de cómo un cruel divertimento se institucionaliza y mantiene su dudosa categoría de arte a través de los medios de comunicación.

No voy a entrar aquí en el debate sobre la tauromaquia. Menos aún cuando esta semana hemos conocido que en Cataluña se ha conseguido una primera votación en contra de los toros. Aunque, en mi opinión, en aquella comunidad interesa más prohibir el carácter español de la "Fiesta Nacional" que el sufrimiento del toro, un tema apasionante sobre el que para desahogarme a gusto tendría que usar varias entradas. Pero es evidente que en este sentido hay bastante hipocresía. Se prohibe la entrada a menores (de catorce años, creo que es) a las corridas, pero se emite como plato estrella en Digital+ e Imagenio. En las mismas páginas de un diario cualquiera se denuncia la contaminación de un río, los daños del cambio climático, los malos tratos sufridos por un perrito a manos de su transtornado dueño, pero se ensalza al hombre vestido de lentejuelas que asesta varios espadazos (no conozco el nombre técnico) a un toro mientras éste se desangra y resopla hasta caer destrozado.

Como en tantos otros temas, la prensa es hipócrita. O mejor dicho, nosotros, la sociedad, somos hipócritas. Damos cabida a tradiciones bárbaras, se nos indica que armas comprar para matar mejor al ciervo, vemos reportajes en telediarios donde se nos muestra la preciosa matanza del cerdo. Pero luego nos espantamos cuando alguien denuncia a su vecino porque maltrata a su perro o criticamos que el señor Roca abandonara a sus caballos de pura raza en su cortijo. ¿Acaso no es lo mismo?

¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE ESTOS VIDEOS?













Este último video pertenece a las fiestas de Roses (Girona). Ahora que el Parlament parece que va en contra de la "Fiesta Nacional", a ver si también prohibe estas tradiciones centenarias... Además en este video podemos ver la "violencia" de la vaquilla...
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16 dic. 2009

¡400 visitas!

Gracias a todos vosotr@s, ¡La Trastienda del Periodista ha conseguido 400 visitas! Es la primera vez que uno de mis blogs -la mayoría fracasaron antes de nacer- consigue esa afluencia (y sin trampas, que ese contador no deja modificarlo).
Así que sólo puedo daros las gracias y pediros que sigáis entrando, comentando y dando ideas.

(Si todavía no os tengo enlazados, dejadme vuestra dirección.)

9 dic. 2009

Cuando el humor duele

El pasado lunes, Hermann Tertsch, conductor de "Diario de Noche" -programa de información y opinión de Telemadrid- recibía una paliza por parte de un desconocido. Unos días antes, en el programa de el Gran Wyoming se emitía un vídeo -montaje- en el que se le ve decir que estaría dispuesto a matar a quince pacifistas, a quince jóvenes, a varios ministros e incluso al presidente del gobierno. ¿Casualidad o consecuencia?

Terstch ya había anunciado su voluntad de denunciar a Wyoming, a laSexta y a Globomedia por llamarlo asesino cuatro veces. "No me da la gana aguantarme" -manifestó el periodista- "les va a costar cara esta miseria moral que permite todo a estos gurús de la izquierda apoyados por laSexta, Roures y Zapatero". En efecto, no es la primera vez que en El Intermedio se emite un vídeo de estas características. Por su parte, fuentes de laSexta afirmaron que no había habido "intención de ofender a nadie" y que por esa sección "han pasado muchos personajes". Para los que todavía no lo han visto, aquí va el vídeo de El Intermedio:



Casualidad o no, pocos días después de este vídeo Tertsch es agredido en la madrileña calle Almirante, en el barrio de Chueca. Un desconocido le dio una patada por detrás sin mediar palabra y el periodista perdió el conocimiento. Todavía son muchas las posibles causas, aunque por el momento Tertsch no ha interpuesto ninguna denuncia.

Aún así, y aunque sólo sean cavilaciones, cabría preguntarse por la influencia de la televisión -como medio más masivo- a la hora de crear odios, provocar insultos y agresiones y cualquier otro tipo de respuesta por parte del público, del mismo modo que ensalza a otros personajes. Es decir, si la información -muchas veces manipulación- puede materializarse de tal forma que dañe a su protagonista. Incluso la más "inocente" broma, por mucho que se advierta de que es un montaje, puede inducir a alguien a la agresión. Aunque sobre el caso de Tertsch, todavía habrá que esperar...
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3 dic. 2009

Call-show ¿concurso o timo?

Desde hace un par de años estamos asistiendo al boom de un tipo de programas que poco o ningún prestigio aporta a las cadenas de televisión aunque, por la rapidez con que se han ido apoderando de las madrugadas de las televisiones nacionales, locales y de TDT, sí llena los bolsillos de las emisoras televisivas. Se trata, como se puede intuir al ver el video de más arriba, de los call-shows, programas que durante un puñado de horas tratan de convencer a los espectadores para participar en un (supuestamente) inocente concurso en el que deben adivinar un nombre, buscar errores, hacer una suma sencilla, etc.

La moda de llenar parrillas con este tipo de formato surgió a principios de esta década, cuando televisiones locales de dudosa legalidad basaban casi toda su programación en videncia o en concursos de este tipo. ¿Quién no recuerda los gritos insistentes y nerviosos al no recibir ninguna llamada? "¡¡¡ Todo el escaparate para la próxima llamada!!!". A rimas tan sencillas como "A quien madruga..." contestaban sospechosas voces cualquier otro final absurdo. El caso que mostró a la opinión pública que todo se trataba de un timo fue el de Telesierra, televisión local madrileña que suministraba este tipo de programas a otras tantas cadenas locales de España.

Pero la plaga no acabó ahí. Con la llegada de la TDT numerosas cadenas prefirieron insertar este tipo de concursos en lugar de las reposiciones y otro tipo de contenidos. Variaban la programación y se sacaban unas perras de más. Esta vez, al menos en apariencia, no parecía que las llamadas procedieran de los mismos trabajadores de la cadena (como sí ocurría en Telesierra), pero la dificultad para obtener los premios es llamativa. Por no hablar de los minutos que pasan hasta que entra una llamada en directo (mientras mantienen retenidas cientos de ellas).

Pero no sólo de madrugadas viven los call-shows. Lo peor de todo es que, si no les bastaba con aprovecharse de los insomnes y trasnochadores (mucha gente mayor, parados, jóvenes, etc.), televisiones "serias" como Cuatro y LaSexta (y sus sucedáneas de la TDT) también nos deleitan con estos programas por las mañanas, además de las ya citadas por la madrugada en Telecinco y Antena 3.

Precisamente de La Sexta hay bastantes ejemplos de cómo es casi imposible llevarse un premio y, cuando un concursante afortunado lo consigue, los propios presentadores no saben cómo reaccionar y acaban por negarle la posibilidad de llevarse el dinero. En fin, lo más problemático de esto es que son las propias cadenas de televisión (privadas) las que se aprovechan de esto y, por lo tanto, las posibilidades de informar al gran público sobre el juego sucio de estos formatos es casi imposible.

Nota: En estos dos ejemplos, es muy curioso que los "concursantes" acierten también las letras (en el de arriba) y los números (en el de abajo) que hay en el sobre. La cuestión para plantearse es si no serán los propios trabajadores los que entran en directo (en ese caso, saben que se hablará del programa y dará publicidad), chivatazos a terceros o, quién sabe, concursantes inocentes que, desafortunadamente para el programa, han acertado. ¿Qué opináis?



+Info:

- La Sexta garantiza los 60.000 euros del "timo" en su call-show. Vertele.com 2/12/09.

- Un "timo" le sale caro a La Sexta: 60.000 euros. El Diario Montañés. 3/12/09

- El timo tonto que los hace riquísimos. Ana María Ortiz. El Mundo, 28/11/04.

26 nov. 2009

El Ojo del president Montilla

Como ya adelanté algunos posts más abajo, la obsesión por mantener controlados los medios de comunicación del actual gobierno de la Generalitat de Catalunya, presidido por el cordobés José Montilla (sí, y de Iznájar), nos podría recordar, salvando las distancias, a un Gran Hermano que todo lo intenta controlar. Buscando información para redactar el próximo post (sobre la extraña unión de la prensa nacionalista para defender al govern) he encontrado otra información que pone el acento en la obsesión de Montilla por mantener controlados a los medios de comunicación.

El diario electrónico Periodista Digital y el impreso ABC se hacían eco a finales de septiembre de que el President había utilizado 27.000 euros (prácticamente el sueldo de un trabajador bien situado) en 2007 para conocer la opinión que desde la prensa se vertía sobre la labor del tripartito. El informe, conocido como "Comunicación estratégica de la acción del govern y elaboración de mensajes y eslóganes institucionales" (nombre que bien podría traernos a la memoria a Goebbels) pretende en última instancia revisar el grado de afinidad de medios y periodistas catalanes al tripartito. Un estudio que forma parte del conjunto de más de dos mil informes encargados por la Generalitat, muchos de ellos inútiles, que se pagan con el dinero de los contribuyentes.

El informe en cuestión fue encargado por el departamento de Presidencia a Josep Isern Diego, de la empresa DIC, por 27.028 euros. Como ejemplo, uno de los análisis:

"El periodista hace una valoración positiva de los primeros pasos del Govern, si bien al principio se mostraba escéptico, parece que poco a poco la manera del presidente Montilla le va convenciendo, pero lo expresa con prudencia".
"Menos moderado y más radical se muestra el escritor X, para él el tripartito es la solución fácil".


¿Qué autoridad tiene un presidente que apenas sabe hablar y que no fue capaz de terminar sus estudios de Economía y Derecho para controlar a los periodistas? ¿Por qué tiene tanto miedo a la prensa catalana? ¿Acaso su govern está tan inseguro de su labor que tiene qué saber qué se dice en la prensa? Y lo peor... este caso se ha descubierto tras una auditoría en la Generalitat, pero ¿ocurre lo mismo en el resto de comunidades autónomas?

16 nov. 2009

Ramoncín, la SGAE y la doble moral de los artistas



Esta semana hemos vivido otro de esos capítulos que brillan por su absurdez y doble moral. Ramoncín, el otrora "rey del pollo frito" y representante de una juventud rebelde, contraria a las convenciones y progresista, denunció al canal de la revista El Jueves en Youtube por utilizar indebidamente su nombre e identidad en un vídeo humorístico. Estoy seguro de que el mismo Ramoncín criticó el secuestro administrativo que la Casa Real llevó a cabo hace un par de años por la polémica portada de los príncipes de Asturias. Pues bien, ahora es el rockero setentero el que intenta callar a la revista por utilizar su eternamente joven rostro en el tanga de uno de los redactores de El Jueves en uno de sus vídeos.

Pero la doble moral de este polifacético artista (cantante, presentador, colaborador de Crónicas Marcianas, jurado de Operación Triunfo y defensor del canon digital que TODOS pagamos -0,18€ por CD virgen-) no es nueva. Ya en 2001, cuando OT se convirtió en fenómeno social, musical y, sobre todo, económico, Ramoncín no dudó en escribir un manifiesto en contra del programa. Es más, se dedicó a cambiar los discos de los cantantes de la Academia por "discos de verdad". Ocho años más tarde, el rockero de dudoso éxito comparecía semanalmente para elogiar y criticar a los "productos musicales" de Telecinco.

Lo más destacado de toda su carrera, y por lo que muchos lo recordaremos para siempre, ha sido su idilio con la Sociedad General de Autores, ese emblemático organismo sin ánimo de lucro que no duda en llevarse parte de la recaudación de un concierto benéfico si algún cantante osa reproducir composiciones ajenas. Aunque la abandonó en 2007, todos tenemos en la memoria su defensa del cánon y su rechazo a la piratería -cosa con lo que la mayoría de gente estamos de acuerdo, pero con otros modales-. Y hasta la SGAE quería yo llegar. ¿Qué es la SGAE? ¿Quién hay detrás de la supuesta honrada defensa de la producción intelectual de los creadores españoles? ¿Quién la tiene que pagar?

Hace ya dos años leí un magnífico reportaje (acompañado de ilustrativas infografías en su versión impresa) en el diario Público, en el que se destapaban el entramado de la SGAE. El artículo fue el inicio de una serie de reportajes en los que se intentaba esclarecer el funcionamiento de la institución y le ha costado a Público una demanda por "campaña en contra". Desgranando un poco la información del diario, lo más destacado sobre la Sociedad es lo siguiente:

- Prácticamente la totalidad de las compañías del entramado societario son Sociedades Limitadas y, por tanto, sí tienen ánimo de lucro.

- La recaudación de esas sociedades limitadas (empresas) procede de los derechos de autor que tanto defienden desde la SGAE para mantener a los pobres artistas.
- Entre estas empresas: la Fundación Autor –tampoco debería tener ánimo de lucro- y la Sociedad Digital de Autores y Editores (SDAE), brazo tecnológico de la SGAE.

- Fundación Autor: único accionista de Iberautor SL, propietaria a su vez de otras cuatro sociedades limitadas, que promueven actividades relacionadas con la cultura (fundamentalmente teatros, muchos de ellos cedidos por el Estado).

- Directivos pluriempleados: el director de la SGAE es el director de otros negocios que comparten domicilio social e incluso teléfono.

- En 2006 (cuando todavía no había canon digital) la SGAE recaudó 343 millones de euros. La mayor parte de este dinero se distribuye entre sus asociados por una forma que la SGAE no revela.

- “Servicios exteriores”: contratación de otras empresas, algunas dirigidas por los propios directivos de la SGAE. En 2005 se gastó en estos servicios 7,1 millones de euros.

A todo esto, y sin ánimo de eternizar la entrada, no podemos olvidarnos de la hipocresía que, como Ramoncín “el legal” muchos artistas han demostrado. A modo de opinión personal, nunca he entendido como Alejandro Sanz, Ana Belén, Víctor Manuel, Pilar Bardem, Joan Manuel Serrat, Concha Velasco y otros grandes –porque lo son- artistas han defendido con pies y manos el proyecto del canon digital y a la SGAE aludiendo a la necesidad de los artistas en estos malos momentos. Y lo dicen así, desde sus mansiones, sus piscinas en Miami y sus estudios de grabación privados. ¿Qué tienen que ver ellos con los cantantes callejeros? ¿Y con el partido político que defiende los intereses de los obreros?
Más trapos sucios de la SGAE:

12 nov. 2009

¿Hacia la sociedad orwelliana?


El miedo al futuro tiene un gran arraigo en la literatura y el cine de ficción. Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley; 1984, de George Orwell; Fahrenheit 451, de Ray Bradbury o V de Vendetta, de Alan Moore son algunos ejemplos de la visión aterradora del futuro de la Humanidad. Son lo que se conoce como distopía, lo contrario a utopía: la visión de un porvernir opuesto radicalmente a la sociedad ideal. Todas ellas tienen en común un principio (ya sea una guerra, una hecatombre nuclear, etc.) y el comienzo de un nuevo modelo de sociedad caracterizado por la ausencia de libertades del individuo.

En 1984, de cuyo autor se ha extrapolado a diversos aspectos de nuestra sociedad el concepto de "orwelliano", la sociedad británica está controlada hasta el último resquicio de su vida por un ojo que todo lo ve: el Gran Hermano. No sólo ve, sino que además reescribe la historia a su antojo. Así logra introducirse en la memoria de las personas y borrar aquellos datos que no interesan. A través de la "rectificación" en la prensa y en los libros, las mentiras se convierten en verdad, en aquella que está escrita y que nadie puede negar ante la ausencia de otras pruebas. Los lemas de esta sociedad opresora son delatadores:

GUERRA ES PAZ
LIBERTAD ES ESCLAVITUD
IGNORANCIA ES FUERZA

¿Acaso no hay algo parecido con nuestra actual sociedad? Nos venden la guerra como único camino a la paz; nos hace sentir libres cuanto más observados estamos (cámaras en las calles, documentos oficiales, Internet, redes sociales) y nos mantienen en un estado de desinformación para utilizarnos mejor. En el caso de la novela de Orwell la ignorancia es una meta que se conseguirá, entre otras formas, depurando al máximo la lengua para limitar la conciencia personal. Sin inteligencia no habrá opinión, y sin opinión, no habrá cambio. ¿No sucede algo parecido con la prensa actual, cada vez más banalizada?

En Fahrenheit 451 hay un pánico similar a los libros, al posible desarrollo de la inteligencia humana. Una patrulla quema todo rastro de libro y los programas interactivos de televisión mantienen distraída a la sociedad. Sólo la memoria de unos pocos proscritos contiene la libertad que necesita el hombre para ser realmente eso, un humano.

En Un Mundo Feliz, como su propio nombre indica, la felicidad se ha conseguido, al menos en apariencia. No hay pobreza ni guerra, pero tampoco amor, cultura, filosofía y, en general, rastros de humanidad.

Parecido argumento utiliza V de Vendetta. Un partido de corte fascista lo controla todo; la gente es feliz en su ignorancia, en su monotonía. Han cedido su libertad a cambio de bienestar y tranquilidad. Sólo un hereje parece ser consciente de ello y se arriesga a contradecir al sistema.

Como en V, en todas estas novelas hay un elemento herético, un sólo individuo que toma conciencia de la situación e intenta cambiar el mundo. ¿Somos los periodistas los encargados de defender esa "verdad" o, por el contrario, de mantener y alimentar a una sociedad conformista, materialista y alejada de la vida política? ¿Es necesaria alguna opinión más aparte del voto electoral o esa es la democracia que nos merecemos? ¿Podrían los periodistas hacer algo que contradijera a sus propios medios y las estructuras de la información dominantes? ¿Sería Internet una nueva vía para ello?













5 nov. 2009

¿Cuánto vale una vida?


El pasado miércoles 28 de octubre se producía en Pakistán uno de los más sangrientos y tráficos atentados perpetuados por los talibán en una ciudad fronteriza con Afganistán. Más de cien muertos y otros tantos heridos fueron el saldo de una nueva masacre a la que, desgraciadamente, ya estamos acostumbrados. El que exploten coches, suicidas o edificios en países de Oriente Medio y Asia viene siendo habitual en los medios de comunicación y en la audiencia. Los fallecidos no dejan de ser cifras sin nombre ni cara, ciudadanos que viven en países conflictivos y cuya existencia está adaptada a una posible y violenta muerte.



El 11-M de 2004 en Madrid dejó 192 muertos. Durante semanas, meses y años los rostros de prácticamente todos, sus orígenes, sus familias y sus bondades fueron desplegados a lo largo y ancho de todos los medios de comunicación. El 11-S de 2001, en Nueva York, a más de 5.500 km de nuestro país, supuso la muerte de unas tres mil personas, una barbarie que todos recordamos y ante la cual nuestra piel nunca dejará de ponerse de gallina. En Londres, un 7-J de 2005, cincuenta y seis personas morían cuando usaban el transporte público de la capital británica.

Tres días, tres momentos en los que Occidente, a lo que nosotros llamamos "el mundo entero", se conmocionó. Desde todas partes nos sentimos neoyorkinos, londinenses y madrileños. Incluso los más despistados con esto de las fechas conocen perfectamente a qué se refieren las siglas 11-M, 11-S y 7-J. Y eso se debe a que eran "de los nuestros", occidentales, blancos o negros, pero de países culturalmente cercanos a nosotros.

Sin embargo pocos recordarán, pasados un puñado de años, el 28-O de Peshawar, en Pakistán. Las cincuenta y seis víctimas de Londres siempre valdrán más que las pakistaníes.

Es evidente que la cercanía influye en esta consideración. Gran Bretaña está a unos cientos de kilómetros, Nueva York es la capital de nuestra civilización y Madrid la de nuestro país. Pero, ¿acaso no eran humanas todas las víctimas? ¿Por qué unas valen más que otras?

A este respecto nunca olvidaré la actitud de Europa con los atentados de Madrid de 2004. Berlín, París, Londres, Moscú y tantas otras ciudades salieron a la calle a manifestarse contra el terror. ¿Cuántas veces han hecho lo mismo para mostrar su repulsa a los atentados en Oriente Medio, a los genocidios africanos o a los refugiados palestinos? También es llamativo el hecho de que por Madeleine McCan se movilizaran varios países, mientras que las cientos de desaparecidas en Ciudad Juárez, mutiladas en África o vendidas en Europa oriental apenas tengan cabida en nuestra memoria.

No creo que haya muchas respuestas a todo esto. Lo único claro es que vivimos en una cultura ombliguista, que cree que Europa, Estados Unidos, Japón y quizás Latinoamérica son el mundo en el que vivimos. Un mundo en el que unos valemos más que otros, en el que la sangre de un occidental siempre tendrá más peso que la de un oriental o africano.

26 oct. 2009

Hugo Chávez ¿Libertador?


Después de una clase de Estructura de la Información -asignatura que estudia las relaciones entre medios de comunicación, poder, economía, etc.- en la que se ha considerado "normal" que en Venezuela no renueven la licencia de determinados medios de comunicación ("no renovar no es cerrar") me ha picado la curiosidad por conocer un poco mejor, y a través de medios neutrales (si existen), qué motivos usa el gobierno de Chávez para no permitir la existencia de un medio.

En la clase se ha comparado a España o Francia con Venezuela. En efecto, en todos estos países es el Estado el que concede o deniega las licencias de difusión de radio y televisión. Pero ¿acaso en nuestro país "no renuevan la licencia" de medios por caprichos gubernamentales (en especial radiotelevisiones nacionales? Lo veremos más adelante.

Según informaciones de Reporteros Sin Fronteras (no creo que tengan una clara inclinación ideológica como sí parecen tenerla otros medios), treinta y cuatro medios audiovisuales no han podido continuar sus emisiones por "razones administrativas". El 1 de agosto de 2009, el gobierno venezolano y bolivariano retiró su concesión a treinta y cuatro emisoras de radio y televisión y anunció que 200 más corren el mismo riesgo. Los motivos que dan desde la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) son de carácter técnico-administrativas, al no poder demostrar los propietarios de los medios de comunicación afectados que eran realmente los titulares de las licencias.

Desde hace unos años, no es extraño asistir a "no renovaciones" (sería más fácil decir "cierre", pero hay que ser políticamente correcto) de medios de comunicación. Pero en los últimos meses se ha acrecentado este proceso. En consonancia, el 30 de julio de este año la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, ha presentado ante la Asamblea Nacional un proyecto de ley que prevé condenar de manera severa a los autores de delitos mediáticos. En sus propias palabras "es necesario que el Estado venezolano regule la libertad de expresión. Pido que se ponga un límite a este derecho". La ley endurecería las penas ya existentes contemplando la cárcel en más supuestos. Y los criterios, de lo más subjetivos: información falsa, manipulada o deformada, así como cualquier noticia que "perjudique los intereses del Estado" u ofendan "la moral pública y la salud mental" (¿y eso qué es?) pueden costar a un periodista una condena máxima de cuatro años de prisión. Del mismo modo, el negarse a revelar fuentes (principio básico de la libertad de información) podrá sancionarse con entre seis meses y cuatro años de prisión.

Anecdótica fue también la expulsión del periodista español y eurodiputado por el PP Luis Herrero por unas declaraciones un día antes del referéndum de 2009 -en las que participaba en calidad de observador-. A petición de la Cancillería y el Gobierno, se le expulsó del país por criticar públicamente los horarios del proceso electoral y por llamar "dictador" a Chávez.

Según el periodista, entre 15 y 20 policías de inteligencia lo metieron en una camioneta hasta ordenarle la salida de Venezuela. Quizás sus comentarios estaban fuera de lugar y violaban la normativa de observador, pero ¿acaso no era una oportunidad para Chávez de mostrar que no es un dictador y hacer caso omiso a las voces críticas?

Las comparaciones son odiosas pero, en menor medida, este tipo de medidas no son del todo ajenas en España. Sin ir más lejos, el Consell Audiovisual de Catalunya renovó en 2008 las licencias de forma sospechosa, dejando fuera solicitudes de SER, COPE, Onda Cero o Punto Radio y beneficiando a la católica y nacionalista Radio Estel (misteriosamente emisora que había dirigido el consejero delegado del CAC). Pero la entrada ya es suficientemente larga y se hablará de ello en otro artículo.

22 oct. 2009

Bye bye libertad de expresión

Esta entrada no trata estrictamente sobre periodismo, sino sobre cine. Pero tanto uno como otro comparten un factor común: la libertad de expresión. El periodista "debería" actuar libremente igual que el cine "debería" crear artísticamente en libertad. En la información nos hartamos de ver ejemplos de cómo se saltan los principios defendidos por Milton y tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia. Y en el cine, muy a mi pesar, también.

Acabo de leer una noticia en Europa Press de la que, pese a estar acostumbrado, no puedo dejar de sorprenderme. La Generalitat, en su cruzada abierta contra el castellano, sancionará a las grandes distribuidoras cinematográficas que no doblen al catalán un porcentaje determinado de sus películas. La medida no es nueva: desde la llegada al poder del PSC (¿PSOE? no creo) la ofensiva contra la lengua común del Estado no ha cesado. Primero fueron las multas a los comercios que no rotularan en catalán (sí es posible, por el contrario SÓLO rotular en catalán), cuando en todo país democrático cada uno debería rotular en la lengua que le diera la real gana. Luego fue la ley de educación que limitaba a dos (¿alguna vez fueron más?) las horas de castellano en las escuelas. Y ahora el objetivo es el cine. Ya Jordi Pujol, el adalid de las libertades, intentó una medida similar a principios de esta década, pero la posible huelga de las "majors" echó para atrás el proyecto (el Govern quería, entre otras, que doblaran la primera entrega de Harry Potter al catalán, y ante la amenaza de la Warner de no estrenarla en Cataluña y la crítica de miles de fans catalanes, recularon).

La nueva Ley de Cine de Cataluña obligará a las grandes distribuidoras (Warner, Disney, Fox, etc) a estrenar el 50% de sus películas en catalán, ya sean dobladas o subtituladas. Si no lo hicieran así, deberían abonar entre 1.000 y 5.000 euros por copia exhibida, además de entregar la mitad del beneficio que generen las copias estrenadas "ilegalmente" (no sé por qué esa palabra me suena a persecución nazi) en la lengua de Cervantes. Se trata de una ley que sólo afectará a las grandes distribuidoras no europeas, cuya lengua original no sea el castellano ni el catalán. Es decir, quedarán exentas las producciones de la "nación vecina", España.

Asimismo, la Ley, en pos de la cultura catalana y europea, también prevé sanciones de hasta 75.000 euros (una cifra que al Govern le parecerá escasa, teniendo en cuenta los 160.000 euros que cobra el ilustrísimo Señor Montilla) a las salas que excedan el incumplimiento de proyectar películas comunitarias en más de un 60% y 40.000 (que vendrían a ser un tercio del sueldo que cobraba Carod Rovira, de 123.000 euros) a los que lo sobrepasen en un 30%. La ley se llevará al Parlament el próximo verano y, una vez aprobada, dará un plazo de cuatro años a las distribuidoras para prepararse.

El objetivo del la ley es incluso elogiable: preservar el catalán como lengua (co)oficial de Cataluña y patrimonio cultural de España. Sin embargo, el instrumento no podía ser más fascista (qué paradógico resulta que esa misma palabra sea la que frecuentemente llena las bocas de tantos militantes revolucionarios...). Para bien o para mal, el cine es una empresa, del mismo modo que lo es la información o el deporte. Y como tal, en una economía de libre mercado, resulta indefendible que se tenga que imponer a un empresario lo que debe comercializar. Absurdo resultaría que a un librero le dijeran qué libros puede o no vender o a una productora discográfica qué cantantes debe apoyar.

Pero así están las cosas. Seguramente a mucha gente que no es catalana (ni siquiera a la mayoría de catalanes) les importe tres cuartos una ley como ésta. Tampoco muchos medios se harán eco de la noticia (o los que lo hagan, serán tildados de derechistas, como suele pasar) o lo harán elogiando el progreso que ello representa. Pero cuántos capítulos de censura y represión comenzaron así.
Más datos:

21 oct. 2009

Comienza el combate: Obama Vs. Fox News

Rupert Murdoch nunca se ha caracterizado por su apoyo a los demócratas norteamericanos. Su conglomerado informativo no dudó en defender la guerra de Irak y convertir en enemigo número uno a Irán, cuya producción nuclear sirve para mantener el miedo, un elemento que siempre atrae a la audiencia. Desde la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, Fox News, canal especializado en noticias perteneciente a Murdoch -como tantos otros- han sido frecuentes las críticas lanzadas al presidente de la nación más poderosa del mundo. Una agresividad informativa que no esconde en absoluto la preferencia por los republicanos y la derecha más dura de EEUU.

La novedad en el tradicional choque entre Fox News y los demócratas es que, después de meses de críticas, la Casa Blanca contraataca. La Administración Obama ha respondido con la misma arma que su oponente: la información (palabra que, por otra parte, le queda grande tanto a lo que hace Fox News como a la iniciativa del Gobierno estadounidense). En este caso, no con periódicos de gran tirada ni noticiarios televisivos de audiencia masiva, sino con un blog.
Que la guerra entre ambos ha comenzado no es una especulación. La propia directora de comunicaciones de la Casa Blanca, Anita Dunn, afirmó en una entrevista a The New York Times que de ahí en adelante tratarían a la cadena "como a un oponente". En respuesta, el director ejecutivo de la emisora, Robert Clemente, ha acusado a Obama de "declarar la guerra a un medio de comunicación".
Entre las armas, la nula aparición de Obama en la cadena (aunque no se rechaza una futura entrevista) y, como novedad, la creación de un blog donde denunciar las "mentiras de la Fox". En el blog (Fox Lies) se comparan las noticias del canal y la "realidad" de la Casa Blanca.
Sin embargo, no podemos quedarnos en lo superficial. Lo cierto es que ambas partes se benefician del enfrentamiento. Para hacernos una idea de cómo el interés económico se superpone siempre al ideológico, días atrás trascendió que Murdoch estaba interesado en "apadrinar" la candidatura de Obama, porque, según el magnate, éste vendía más periódicos. Desde que se inició el enfrentamiento (tras la victoria de Barack Obama) la audiencia de Fox News ha aumentado en un 20%. La Casa Blanca, por su parte, se gana con este tipo de acciones el favor de los más progresistas.
La situación no es para nada ajena. Política y poder siempre han ido unidos o enfrentados, en beneficio de ambos. En España, sin ir más lejos, siempre hemos tenido el enfrentamiento Prisa-PP y COPE-PSOE, por ejemplo. La radicalización, aunque nunca es buena socialmente, siempre lo es económicamente.
Más información:
- "Rupert Murdoch y Barack Obama se declaran la guerra". Ricard González (El Mundo, 21/10/2009)

- "Obama declara la guerra a Fox News". (El País, 21/10/2009)

14 oct. 2009

¿Qué pasó con Antena 3 Radio?

Para los que tenemos menos de 30 años, quizás nos resulte raro escuchar eso de Antena 3 Radio. Acostumbrados a la cadena de televisión privada con el mismo nombre, no tenemos constancia de que en la actualidad haya ninguna emisora llamada así. Aunque ha pasado relativamente poco (unos 15 años), la sociedad –o más bien, el resto de medios de comunicación- han enterrado ya la historia de la radio que llegó a hacer sombra a Cadena SER y que precisamente ésta engulló como un pez grande a uno pequeño.
Antena 3 Radio –primer paso para la idea, más ambiciosa, de una cadena de televisión privada- se creó en 1989 por el Grupo Godó (La Vanguardia) con el 51%, Prensa Española (hoy Vocento) con el 13%, Manuel Martín Ferrand (5%), Europa Press y el Grupo Zeta. Habían obtenido la licencia en 1979, con el Plan Técnico de Radiodifusión, que le había concedido 75 postes emisores.

Durante una década de ascenso, sumó 79 emisoras en propiedad y otras tantas con acuerdos, hasta llegar a las 150 emisoras por toda España. Además de las generalistas (unas 120), se especializó en música con emisoras de éxito como Radio 80 Serie Oro y Radiolé. En 1989 llegó a ser la primera compañía de medios de comunicación en cotizar en Bolsa en España. Con las bases bien asentadas, fue accionista fundadora del sueño inicial de sus creadores: Antena 3 de Televisión S.A., una de las tres empresas que recibieron la licencia televisiva en 1989.

En 1992 logró convertirse en la emisora más escuchada de España, superando a la hegemónica Cadena SER. Según el EGM, consiguió 3.139.000 oyentes frente a los 3.007.000 de la SER. Sin embargo, la radio de PRISA no se iba a dejar ensombrecer por una recién llegada y pronto atacaría como mejor sabe –o sabía, pues ahora no está la cosa como para hacerlo-: introduciendo sus tentáculos en su principal rival. Paralelamente, el Grupo Zeta, encarnado en Antonio Asensio, lograría el control Antena 3 Televisión con el apoyo de Banesto. La emisora, que había logrado el éxito gracias a figuras como José María García, Antonio Herrero, Nieves Herrero, Luis Herrero, Jiménez Losantos o Gomaespuma, entraba en un círculo de ambiciones y presiones del que no podría salir jamás.
En ese mismo año, Jesús Polanco, presidente del Grupo PRISA, hizo una oferta al conde de Godó, principal inversor, iniciándose una operación ilegal. Las estrellas de la cadena, contrarios a la venta (José María García, Antonio Herrero) no dudaron en marcharse a otras emisoras. El primer paso para la desaparición de la emisora vendría con la fusión de Radio 80 (A3 Radio) y Radio Minuto (SER), creándose M-80 Radio. En 1993 se crea Unión Radio, que asume la gestión de Antena 3 Radio y SER, con un capital del 80% de PRISA y un 20% del Grupo Godó. El expediente de concentración obtuvo, curiosamente, el visto bueno del ministro socialista de Economía, Carlos Solchaga. Así, PRISA ordenaba la disolución total de Antena 3, cuyos postes pasaron a emitir íntegramente los espacios de la SER. De las 150 emisoras vinculadas a Antena 3, unas cuarenta buscaron otros acuerdos (COPE y Onda Cero) y otras emitireron en solitario.

Políticamente la absorción supuso toda una tormenta. Pese a la oposición del Tribunal de Defensa de la Competencia, el gobierno de Felipe González, reunido en Consejo de Ministros, permitía en 1994 la actuación de sus amigos de la SER. Los antiguos periodistas de A3 Radio, Martín Ferrand, José María García, Antonio Herrero, Jiménez Losantos, Pedro J. Ramírez, etc., interponían por ello un recurso contra la decisión del gobierno; la sentencia, dictada por el Supremo en 2000, daba la razón a los demandantes. Por supuesto, PRISA recurrió ante el Constitucional. Pese al silencio del gobierno (por entonces ya de Aznar), el TC finalmente ratificó la sentencia del Supremo. En 2001, el gobierno “popular”, tras un Consejo de Ministros, decidió exigir a PRISA el cumplimiento de la sentencia, lo que le obligaba a deshacerse de las 79 emisoras de Antena 3 Radio que le quedaban. En un plazo de dos meses, elaboraron el proyecto de desinversión de PRISA. No obstante, el ejecutivo del Partido Popular nunca llegó a exigir realmente el cumplimiento de la sentencia. Es más, la polémica sobre Antena 3 Radio pasó a un segundo plano frente a la tormenta causada por la creación y posterior fusión de Canal Satélite Digital (PRISA, con apoyo del PSOE) y Vía Digital (Telefónica, con apoyo del PP), en la llamada "guerra digital".
Pero todavía quedaban más sorpresas. Tras años de batallas legales, en 2005 se aprueba la ley de Medidas Urgentes para el impulso de la TDT y el fomento del Pluralismo, conocida como la “ley Polanco”. Gracias a una modificación legislativa que, para muchos, estuvo motivada por Jesús de Polanco y aprobada por un gobierno afín a PRISA (o el grupo al PSOE, según se vea), se invalidaba la respuesta del Constitucional a favor del pluralismo informativo y se aprobaba el antenicidio cometido por PRISA y defendido por el grupo de Polanco y Godó.
La pluralidad informativa es, constitucionalmente, una prioridad de los gobiernos. Unos gobiernos que, sin excepción, protegen a unos medios y hunden a otros. Comunicación y poder van de la mano y la historia de Antena 3 Radio es una clara muestra.

6 oct. 2009

¿Qué hay detrás de los éxitos radiofónicos?

Cada semana, las radiofórmulas musicales más escuchadas de nuestro país, entre las que despunta Los 40 Principales, realizan una lista con las canciones más escuchadas, solicitadas e importantes del momento. La fórmula, de origen anglosajón y conocida como contemporary hit radio, es sencilla: cuarenta o cien (según la emisora) canciones de distintos -incluso a veces los mismos- artistas que suben o bajan según el público que las vota. Hasta aquí todo parece normal; sin embargo, muchas veces nos preguntamos por qué siempre son los mismos artistas, por qué canciones aparentemente insulsas perduran en los primeros puestos durante largas semanas o por qué, en el caso contrario, éxitos discográficos mundiales y que copan el top ten en las listas de ventas (más objetivas, como puede ser Promusicae en España) nunca llegan a sonar en estas radiofórmulas.

Los 40 Principales no duda en considerar su propia lista la de "las canciones más importantes del momento" ni en animar a sus oyentes (y lectores de la web) a votar, vía SMS, los temas que desean situar en su hot 40. El arraigo de esta emisora y de su lista es tal que nacional e internacionalmente se tiene como referencia del éxito de artistas y canciones en España. Sin embargo, ¿es verdaderamente fiable esta lista de éxitos? ¿eligen las discográficas los booms musicales de la temporada? La respuesta es sencilla: sí.

El primer paso, y el más evidente, es el de la selección de los temas candidatos. Los oyentes no votan cualquier canción de las existentes en ese momento, sino las que la radio les sirve en bandeja. Para ello, la emisora se reúne periódicamente con las discográficas que ofrecen, previo desembolso a la emisora, los singles de los artistas que desean promocionar. Así, cada cierto tiempo Los 40 hace públicas las candidatas a entrar en la lista. Supuestamente, los votantes hacen posteriormente el trabajo de elegir una de ellas.

Hasta aquí todo parece relativamente normal. Sin embargo, muchas veces se ha rumoreado sobre si el voto de los oyentes se tiene en cuenta o si son las propias emisoras, motivadas por las discográficas y sus "regalos", quienes suben y bajan los presuntos éxitos a su antojo.

Este fenómeno es el conocido como payola: pagar por emitir. Una estrategia tan seguida como oculta, que en Estados Unidos ya ha causado algún que otro quebradero de cabeza. Ya en 1960 una ley del Congreso estadounidense prohibió a las emisoras musicales aceptar dinero de las discográficas por repetir insaciablemente determinadas canciones. Sin embargo, fue en 2005 cuando la fiscalía de Nueva York abrió una causa contra Sony BMG que acabó en un pacto extrajudicial por el que el gigante musical pagó 10 millones de euros. Cuatro grandes emisoras de radio -CBS Radio, Entercom, Clear Channel y Citadel- también tuvieron que pagar 12,5 millones de dólares y prometer que jamás volverían a caer en la tentación.

En España, no obstante, el juego continúa siendo sucio. Y no sólo participan las discográficas y las emisoras: detrás del mundo musical español está la alargada sombra de la SGAE, sociedad sin ánimo de lucro nacida para proteger a los artistas, y a la que beneficiaría, en última instancia, la práctica del payola. Cuanta más promoción encubierta, más discos vendidos, más conciertos y, por tanto, mayores recaudaciones para la Sociedad General de Autores.

Más información:

- "La trampa de las discográficas para lanzar los singles de sus artistas". José Luis de Haro, El Economista (15/05/2007)
- "La discográfica de Sony, condenada por sobornar a las radiofórmulas". Daniel del Pino. Informativos Telecinco (26/07/2005)

1 oct. 2009

¡Bienvenido a la Trastienda!

¿Por qué la Trastienda? Porque en este blog podremos saber un poco más de lo que hay detrás de los focos, las cámaras, los ordenadores, los micrófonos, las imprentas y todo el mundillo del periodismo. Una profesión llena, literal y metafóricamente, de luces y sombras, de mitos y prejuicios, de sueños y frustraciones. A través del ojo crítico de un periodista en potencia, la Trastienda del Periodista espera poder desgranar algunas de las claves de la producción periodística actual y pasada.
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