26 nov. 2009

El Ojo del president Montilla

Como ya adelanté algunos posts más abajo, la obsesión por mantener controlados los medios de comunicación del actual gobierno de la Generalitat de Catalunya, presidido por el cordobés José Montilla (sí, y de Iznájar), nos podría recordar, salvando las distancias, a un Gran Hermano que todo lo intenta controlar. Buscando información para redactar el próximo post (sobre la extraña unión de la prensa nacionalista para defender al govern) he encontrado otra información que pone el acento en la obsesión de Montilla por mantener controlados a los medios de comunicación.

El diario electrónico Periodista Digital y el impreso ABC se hacían eco a finales de septiembre de que el President había utilizado 27.000 euros (prácticamente el sueldo de un trabajador bien situado) en 2007 para conocer la opinión que desde la prensa se vertía sobre la labor del tripartito. El informe, conocido como "Comunicación estratégica de la acción del govern y elaboración de mensajes y eslóganes institucionales" (nombre que bien podría traernos a la memoria a Goebbels) pretende en última instancia revisar el grado de afinidad de medios y periodistas catalanes al tripartito. Un estudio que forma parte del conjunto de más de dos mil informes encargados por la Generalitat, muchos de ellos inútiles, que se pagan con el dinero de los contribuyentes.

El informe en cuestión fue encargado por el departamento de Presidencia a Josep Isern Diego, de la empresa DIC, por 27.028 euros. Como ejemplo, uno de los análisis:

"El periodista hace una valoración positiva de los primeros pasos del Govern, si bien al principio se mostraba escéptico, parece que poco a poco la manera del presidente Montilla le va convenciendo, pero lo expresa con prudencia".
"Menos moderado y más radical se muestra el escritor X, para él el tripartito es la solución fácil".


¿Qué autoridad tiene un presidente que apenas sabe hablar y que no fue capaz de terminar sus estudios de Economía y Derecho para controlar a los periodistas? ¿Por qué tiene tanto miedo a la prensa catalana? ¿Acaso su govern está tan inseguro de su labor que tiene qué saber qué se dice en la prensa? Y lo peor... este caso se ha descubierto tras una auditoría en la Generalitat, pero ¿ocurre lo mismo en el resto de comunidades autónomas?

16 nov. 2009

Ramoncín, la SGAE y la doble moral de los artistas



Esta semana hemos vivido otro de esos capítulos que brillan por su absurdez y doble moral. Ramoncín, el otrora "rey del pollo frito" y representante de una juventud rebelde, contraria a las convenciones y progresista, denunció al canal de la revista El Jueves en Youtube por utilizar indebidamente su nombre e identidad en un vídeo humorístico. Estoy seguro de que el mismo Ramoncín criticó el secuestro administrativo que la Casa Real llevó a cabo hace un par de años por la polémica portada de los príncipes de Asturias. Pues bien, ahora es el rockero setentero el que intenta callar a la revista por utilizar su eternamente joven rostro en el tanga de uno de los redactores de El Jueves en uno de sus vídeos.

Pero la doble moral de este polifacético artista (cantante, presentador, colaborador de Crónicas Marcianas, jurado de Operación Triunfo y defensor del canon digital que TODOS pagamos -0,18€ por CD virgen-) no es nueva. Ya en 2001, cuando OT se convirtió en fenómeno social, musical y, sobre todo, económico, Ramoncín no dudó en escribir un manifiesto en contra del programa. Es más, se dedicó a cambiar los discos de los cantantes de la Academia por "discos de verdad". Ocho años más tarde, el rockero de dudoso éxito comparecía semanalmente para elogiar y criticar a los "productos musicales" de Telecinco.

Lo más destacado de toda su carrera, y por lo que muchos lo recordaremos para siempre, ha sido su idilio con la Sociedad General de Autores, ese emblemático organismo sin ánimo de lucro que no duda en llevarse parte de la recaudación de un concierto benéfico si algún cantante osa reproducir composiciones ajenas. Aunque la abandonó en 2007, todos tenemos en la memoria su defensa del cánon y su rechazo a la piratería -cosa con lo que la mayoría de gente estamos de acuerdo, pero con otros modales-. Y hasta la SGAE quería yo llegar. ¿Qué es la SGAE? ¿Quién hay detrás de la supuesta honrada defensa de la producción intelectual de los creadores españoles? ¿Quién la tiene que pagar?

Hace ya dos años leí un magnífico reportaje (acompañado de ilustrativas infografías en su versión impresa) en el diario Público, en el que se destapaban el entramado de la SGAE. El artículo fue el inicio de una serie de reportajes en los que se intentaba esclarecer el funcionamiento de la institución y le ha costado a Público una demanda por "campaña en contra". Desgranando un poco la información del diario, lo más destacado sobre la Sociedad es lo siguiente:

- Prácticamente la totalidad de las compañías del entramado societario son Sociedades Limitadas y, por tanto, sí tienen ánimo de lucro.

- La recaudación de esas sociedades limitadas (empresas) procede de los derechos de autor que tanto defienden desde la SGAE para mantener a los pobres artistas.
- Entre estas empresas: la Fundación Autor –tampoco debería tener ánimo de lucro- y la Sociedad Digital de Autores y Editores (SDAE), brazo tecnológico de la SGAE.

- Fundación Autor: único accionista de Iberautor SL, propietaria a su vez de otras cuatro sociedades limitadas, que promueven actividades relacionadas con la cultura (fundamentalmente teatros, muchos de ellos cedidos por el Estado).

- Directivos pluriempleados: el director de la SGAE es el director de otros negocios que comparten domicilio social e incluso teléfono.

- En 2006 (cuando todavía no había canon digital) la SGAE recaudó 343 millones de euros. La mayor parte de este dinero se distribuye entre sus asociados por una forma que la SGAE no revela.

- “Servicios exteriores”: contratación de otras empresas, algunas dirigidas por los propios directivos de la SGAE. En 2005 se gastó en estos servicios 7,1 millones de euros.

A todo esto, y sin ánimo de eternizar la entrada, no podemos olvidarnos de la hipocresía que, como Ramoncín “el legal” muchos artistas han demostrado. A modo de opinión personal, nunca he entendido como Alejandro Sanz, Ana Belén, Víctor Manuel, Pilar Bardem, Joan Manuel Serrat, Concha Velasco y otros grandes –porque lo son- artistas han defendido con pies y manos el proyecto del canon digital y a la SGAE aludiendo a la necesidad de los artistas en estos malos momentos. Y lo dicen así, desde sus mansiones, sus piscinas en Miami y sus estudios de grabación privados. ¿Qué tienen que ver ellos con los cantantes callejeros? ¿Y con el partido político que defiende los intereses de los obreros?
Más trapos sucios de la SGAE:

12 nov. 2009

¿Hacia la sociedad orwelliana?


El miedo al futuro tiene un gran arraigo en la literatura y el cine de ficción. Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley; 1984, de George Orwell; Fahrenheit 451, de Ray Bradbury o V de Vendetta, de Alan Moore son algunos ejemplos de la visión aterradora del futuro de la Humanidad. Son lo que se conoce como distopía, lo contrario a utopía: la visión de un porvernir opuesto radicalmente a la sociedad ideal. Todas ellas tienen en común un principio (ya sea una guerra, una hecatombre nuclear, etc.) y el comienzo de un nuevo modelo de sociedad caracterizado por la ausencia de libertades del individuo.

En 1984, de cuyo autor se ha extrapolado a diversos aspectos de nuestra sociedad el concepto de "orwelliano", la sociedad británica está controlada hasta el último resquicio de su vida por un ojo que todo lo ve: el Gran Hermano. No sólo ve, sino que además reescribe la historia a su antojo. Así logra introducirse en la memoria de las personas y borrar aquellos datos que no interesan. A través de la "rectificación" en la prensa y en los libros, las mentiras se convierten en verdad, en aquella que está escrita y que nadie puede negar ante la ausencia de otras pruebas. Los lemas de esta sociedad opresora son delatadores:

GUERRA ES PAZ
LIBERTAD ES ESCLAVITUD
IGNORANCIA ES FUERZA

¿Acaso no hay algo parecido con nuestra actual sociedad? Nos venden la guerra como único camino a la paz; nos hace sentir libres cuanto más observados estamos (cámaras en las calles, documentos oficiales, Internet, redes sociales) y nos mantienen en un estado de desinformación para utilizarnos mejor. En el caso de la novela de Orwell la ignorancia es una meta que se conseguirá, entre otras formas, depurando al máximo la lengua para limitar la conciencia personal. Sin inteligencia no habrá opinión, y sin opinión, no habrá cambio. ¿No sucede algo parecido con la prensa actual, cada vez más banalizada?

En Fahrenheit 451 hay un pánico similar a los libros, al posible desarrollo de la inteligencia humana. Una patrulla quema todo rastro de libro y los programas interactivos de televisión mantienen distraída a la sociedad. Sólo la memoria de unos pocos proscritos contiene la libertad que necesita el hombre para ser realmente eso, un humano.

En Un Mundo Feliz, como su propio nombre indica, la felicidad se ha conseguido, al menos en apariencia. No hay pobreza ni guerra, pero tampoco amor, cultura, filosofía y, en general, rastros de humanidad.

Parecido argumento utiliza V de Vendetta. Un partido de corte fascista lo controla todo; la gente es feliz en su ignorancia, en su monotonía. Han cedido su libertad a cambio de bienestar y tranquilidad. Sólo un hereje parece ser consciente de ello y se arriesga a contradecir al sistema.

Como en V, en todas estas novelas hay un elemento herético, un sólo individuo que toma conciencia de la situación e intenta cambiar el mundo. ¿Somos los periodistas los encargados de defender esa "verdad" o, por el contrario, de mantener y alimentar a una sociedad conformista, materialista y alejada de la vida política? ¿Es necesaria alguna opinión más aparte del voto electoral o esa es la democracia que nos merecemos? ¿Podrían los periodistas hacer algo que contradijera a sus propios medios y las estructuras de la información dominantes? ¿Sería Internet una nueva vía para ello?













5 nov. 2009

¿Cuánto vale una vida?


El pasado miércoles 28 de octubre se producía en Pakistán uno de los más sangrientos y tráficos atentados perpetuados por los talibán en una ciudad fronteriza con Afganistán. Más de cien muertos y otros tantos heridos fueron el saldo de una nueva masacre a la que, desgraciadamente, ya estamos acostumbrados. El que exploten coches, suicidas o edificios en países de Oriente Medio y Asia viene siendo habitual en los medios de comunicación y en la audiencia. Los fallecidos no dejan de ser cifras sin nombre ni cara, ciudadanos que viven en países conflictivos y cuya existencia está adaptada a una posible y violenta muerte.



El 11-M de 2004 en Madrid dejó 192 muertos. Durante semanas, meses y años los rostros de prácticamente todos, sus orígenes, sus familias y sus bondades fueron desplegados a lo largo y ancho de todos los medios de comunicación. El 11-S de 2001, en Nueva York, a más de 5.500 km de nuestro país, supuso la muerte de unas tres mil personas, una barbarie que todos recordamos y ante la cual nuestra piel nunca dejará de ponerse de gallina. En Londres, un 7-J de 2005, cincuenta y seis personas morían cuando usaban el transporte público de la capital británica.

Tres días, tres momentos en los que Occidente, a lo que nosotros llamamos "el mundo entero", se conmocionó. Desde todas partes nos sentimos neoyorkinos, londinenses y madrileños. Incluso los más despistados con esto de las fechas conocen perfectamente a qué se refieren las siglas 11-M, 11-S y 7-J. Y eso se debe a que eran "de los nuestros", occidentales, blancos o negros, pero de países culturalmente cercanos a nosotros.

Sin embargo pocos recordarán, pasados un puñado de años, el 28-O de Peshawar, en Pakistán. Las cincuenta y seis víctimas de Londres siempre valdrán más que las pakistaníes.

Es evidente que la cercanía influye en esta consideración. Gran Bretaña está a unos cientos de kilómetros, Nueva York es la capital de nuestra civilización y Madrid la de nuestro país. Pero, ¿acaso no eran humanas todas las víctimas? ¿Por qué unas valen más que otras?

A este respecto nunca olvidaré la actitud de Europa con los atentados de Madrid de 2004. Berlín, París, Londres, Moscú y tantas otras ciudades salieron a la calle a manifestarse contra el terror. ¿Cuántas veces han hecho lo mismo para mostrar su repulsa a los atentados en Oriente Medio, a los genocidios africanos o a los refugiados palestinos? También es llamativo el hecho de que por Madeleine McCan se movilizaran varios países, mientras que las cientos de desaparecidas en Ciudad Juárez, mutiladas en África o vendidas en Europa oriental apenas tengan cabida en nuestra memoria.

No creo que haya muchas respuestas a todo esto. Lo único claro es que vivimos en una cultura ombliguista, que cree que Europa, Estados Unidos, Japón y quizás Latinoamérica son el mundo en el que vivimos. Un mundo en el que unos valemos más que otros, en el que la sangre de un occidental siempre tendrá más peso que la de un oriental o africano.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...