6 dic. 2011

En periodismo, como en política, nadie pierde

Como si de unas elecciones generales se tratara, cada vez que se publican los datos del EGM (Estudio General de Medios), todos los medios de comunicación resultan ganadores, líderes o los que mejor se mantienen. La prueba es sencilla: basta con teclear en Google Noticias "EGM" o "Estudios General de Medios". El resultado es un sinfín de noticias en las que sus emisores, ya sean radios o prensa escrita, se autoproclaman campeones y se vanaglorian de sus holgadas audiencias o liderazgos. Llamativa es la relevancia que dan los medios del maltrecho grupo Prisa (El País, Cinco Días, Cadena SER, etc.) al éxito del espacio radiofónico "Carrusel Deportivo" en la última oleada del EGM, sobre todo tras el vaivén de periodistas de la SER a la COPE y las sucesivas declaraciones de unos y otros.

Que subrayen sus triunfos y disimulen sus fracasos es algo lógico, pero ¿hasta dónde puede llegar la manipulación, entendiéndose ésta como una forma de mostrar y ocultar a su antojo, fraccionando la realidad? Las versiones de unos y otros varían razonablemente. El País, en su ejemplar del 1 de diciembre, titulaba "El País, líder absoluto de la prensa", y presumía de su "posición hegemónica" y de la "ventaja de 681.000 lectores sobre el segundo rotativo más seguido" (El Mundo). El Mundo, por su parte, publicaba ese mismo día que el suyo "es el único gran diario que gana lectores", en referencia a los "cuatro principales diarios generalistas a nivel nacional". No queda claro, pues, qué se entiende por gran diario generalista nacional: ¿entrarían en esta definición La Vanguardia y El Periódico de Catalunya, tal como parece incluir El Mundo? El diario Público, sin embargo, se autoconsidera "cuarto periódico de información generalista", obviando así a los dos rotativos catalanes de difusión nacional, y recuerda que su audiencia diaria ha crecido en 41.000 lectores. ¿No era El Mundo el único de los cuatro periódicos generalistas y nacionales que crecía en audiencia? ¿Quiénes son entonces los cuatro?
Todavía más incoherente es el hecho de que Público, en ese mismo artículo, subraya que su diario es el único que ha aumentado en número de lectores, mientras el resto ha bajado: El País un 0,47%, ABC un 12,7% y... ¡El Mundo un 3,47%! ¿Pero no era el diario de Pedro J. el único que había aumentado? ¿Quién miente? (recuerdo que sólo se puede acceder a los datos del EGM si se es asociado y, como no lo soy, tengo que fiarme de lo que dicen los medios)

Algo parecido ocurre con los diarios gratuitos. Qué! se reivindica como "el tercer periódico de información general más leído", (aunque ni El Mundo ni Público lo consideren como tal en sendas clasificaciones de diarios generalistas) si bien como publica PR Noticias, las principales cabeceras gratuitas (20 Minutos, Qué! y ADN) han perdido un 23,4% de lectores en la última oleada.

Y así el resto de medios. La Vanguardia, ajena a descensos en ventas, se erige como la más leída en Cataluña, El País como el diario nacional más leído en Euskadi, del mismo modo que El Correo (como diario no nacional), etc. En definitiva, omisiones. Y las más importantes, aquellas que seguramente indignarán a los empleados de sus plantillas: los despidos, reestructuraciones de plantilla, ERES temporales o definitivos, cierres de emisoras, etc. Tanto El País, como El Mundo, como La Vanguardia, como Público y como casi todos los medios de comunicación representados en ese estudio (del que no forma parte ABC Punto Radio, que cerró varias emisoras hace pocos meses) han recortado sus plantillas y mantienen sueldos irrisorios para periodistas que se dejan la piel en ellos. Pero de eso no hay constancia, ni en un estudio tan manipulable como el EGM ni en la propia información. Dime de qué presumes, y te diré de qué careces.

5 dic. 2011

Vida, muerte y no-existencia


Hace ya varios meses que me planteo escribir, aunque sea para autoconsumo, algo que deje constancia de la crisis existencial que arrastro desde hace tiempo. No, no es debido a la crisis, a la pésima situación laboral con la que me he encontrado al salir de la carrera o a la incertidumbre del futuro de España o la humanidad. Sino a las preguntas sin respuesta sobre la vida misma, la existencia y la muerte.

Evidentemente, como cualquier ser humano desde que adquiere consciencia, me he preguntado una y mil veces sobre de dónde venimos, adónde vamos y por qué estamos donde estamos. Pero fue este verano, durante una conversación -muy alegre ella- sobre seguros mortuorios, entierros e incineraciones, cuando me dí verdaderamente cuenta de que todos vamos a morir. Sí, siempre lo he sabido, pero la sociedad intenta ignorar -no sé con qué fin, si puramente inconsciente o si hay algún interés consumista o estatal para que no nos relajemos y vivamos la vida en plenitud- con miles de entretenimientos ese hecho, igual que parece obviar que en algún momento envejeceremos. Como escuché hace tiempo, se nos prepara para estudiar, para trabajar, para formar una familia, para educar a nuestros hijos, etc., pero no para envejecer y morir.

A lo que iba. Durante esa noche de agosto, la verdad cayó sobre mí como el plomo. Y, desde entonces, no he dejado de replanteármelo todo. Siempre he creído y creo en un Dios, una inteligencia creadora a la que como humanos no podemos llegar a entender; pero también me planteo si después de la muerte, no habrá más que nada, que no-existencia, que la misma oscuridad e inconsciencia que había antes de que naciéramos. Lo más importante, desde mi punto de vista, no es eso que llamamos "alma", sino la consciencia; el saber que existimos (como decía Descartes, "pienso, luego existo"), los recuerdos y todo lo almacenado durante una vida. No me importa si tras la muerte sólo queda eso, la consciencia, mientras mis partículas pasan a formar parte del todo (como sucedía en esa gran aunque menospreciada saga literaria -con su incursión fracasada en el cine- llamada La Materia Oscura de Philip Pullman). Al menos sabré que mi vida ha tenido un sentido y la mantendré conmigo. Del mismo modo, ¿qué sucede con aquellos seres que no llegan a desarrollar consciencia -bebés, animales, etc.- o los que la pierden -ancianos seniles-? Lo peor, evidentemente, sería la total oscuridad, la no-existencia; ¿qué sentido tiene algo si luego desaparece por completo, si nisiquiera ese algo lo recuerda?

Nunca he creído que la Existencia (con mayúsculas) sea fruto de la casualidad: puede que nosotros seamos casualidades, que casualmente un planeta disponga de las condiciones necesarias para que unas células evolucionen hasta dar con una máquina tan perfecta como el ser humano. Pero ¿y el universo? ¿Pueden millones y millones de galaxias, en un espacio infinito (tampoco creo que los humanos podamos comprender el término "infinito") estar ahí porque sí, con movimientos y operaciones matemáticas? ¿En ese caso, no hubiera sido más fácil que no existiera nada? Eso me hace plantearme otra cosa más, que me aboca al vértigo: ¿qué habría si no hubiera nada? ¿si no existiera tal universo? ¿qué es la nada? ¿nos vamos a esa nada después de morir? Y ya puestos, ¿existen las realidades paralelas? No un Star Gate, sino diferentes planos de existencia, millones de ellos.

Si alguien ha llegado hasta aquí: no, no me he fumado ni tomado nada raro (odio el tabaco); ni siquiera he visto Redes o algún extraño programa de La2. Es lo que tiene darle vueltas a la mente. A veces preferiría no tener tantas preocupaciones vitales y vivir lo terrenal sin cuestionarme nada; creer en alguna de las religiones con fe ciega y sonreír el último día de mi vida esperando a recibir el Reino de los Cielos, el Nirvana o los diferentes paraísos profetizados. Pero no es esa mi situación. Así que me digo a mí mismo que la única respuesta es la de vivir cada segundo de la vida, disfrutar de las personas con las que hemos tenido la suerte de coincidir en esta vida (familia, amigos, animales) y que venga lo que tenga que venir.

16 nov. 2011

La tiranía de los anunciantes


Hace unos días daba mi humilde opinión sobre el caso de la entrevista a la madre de "el Cuco" (cómplice y encubridor del asesinato de Marta del Castillo, presuntamente) en La Noria, de la falta de ética al pagar a semejante personaje y la presión que habían recibido los anunciantes para que dejaran de anunciarse en el espacio de Telecinco. Hasta cierto punto, comprendía ese castigo, aunque creía que sería algo temporal y simbólico. Por supuesto, nunca he considerado ese gesto como un acto de confraternización de Puleva, Campofrío o Vodafone para con la familia de Marta del Castillo o la sociedad española; más bien se vieron entre la espada y la pared y, ya puestos, tuvieron una excusa perfecta para no gastar más en comunicación, en estos tiempos tan duros.

Sin embargo, ahora empiezo a tener serias dudas sobre el papel de los anunciantes en los medios de comunicación. No me gustó nada el discurso grandilocuente de Jordi González aferrándose a la libertad de expresión y de información para defender el pago a una pseudodelincuente. Pero tampoco la tiranía a la que las empresas ajenas al periodismo mantienen a las empresas informativas. Está claro que Telecinco no es la BBC o el New York Times, pero ¿acaso no son libres de emitir lo que les apetezca? Siempre he considerado que la telebasura, como la comida basura (léase McDonalds o Burger King) no hacen daño si se ingieren en pequeñas dosis; en otras palabras, ver un rato Sálvame, Gran Hermano o el reality de turno es perfectamente compatible con leer a Proust, a Milton y a los filósofos griegos. Pero ese no es el tema. Lo grave del asunto, a mi parecer, es que si a una serie de anunciantes no les gusta -por el motivo que sea- el contenido en el cual se anuncian, el medio de comunicación en cuestión tiene que adaptarse y ofrecerle otro, como un mayordomo que muestra diferentes tés a su amo. ¿Es esto libertad de información? Evidentemente no.

Que los anunciantes y la publicidad en general condicionan los contenidos informativos es bien conocido. Por eso las televisiones, radios o periódicos nacionales nunca hablarán mal de Telefónica, Vodafone, L'Oréal o El Corte Inglés. Es una influencia pasiva: "yo me anuncio y tú me respetas". Pero el caso de La Noria incluye ya una influencia activa sobre el programa: "no me gusta lo que haces y o lo cambias o me voy". Aunque en ese caso, viendo el origen del problema, debería ser "de cara al público no me conviene anunciarme en tu programa y o lo cambias o me voy". En cualquier caso, los anunciantes han dejado K.O. al espacio que conduce Jordi González que, sea del color que sea, tiene tanto derecho a estar ahí como nosotros tenemos el derecho de verlo o no.

La situación de La Noria -y, por tanto, en Telecinco-, es difícil, como informa Vertele.com. Con o sin razón, desde la cadena de Fuencarral se alude a teorías conspirativas, en las que podría tener algo que ver Antena 3 u otros grupos mediáticos rivales a Mediaset. En todo caso, la situación es difícil, pues sin anunciantes no hay programa, y cada programa lo forman un centenar de profesionales. Lo curioso de todo esto es, sin embargo, que esas mismas empresas sí se siguen anunciando en aquellos espacios en los que se entrevista a Julián Muñoz, a imputados en casos de corrupción, en programas donde participan ladrones históricos como El Dioni o, ya puestos, a descendientes del Caudillo.

Hipocresía y más hipocresía.

6 nov. 2011

¿Pagar o no pagar a delincuentes?


Vuelvo a hablar, después de tanto tiempo, de periodismo en La Trastienda (que para eso se apellida "del Periodista", aunque más bien sea la de mi mente incansable y a veces paranoica). Pero creo que la ocasión lo merece. La entrevista a la madre de Javier "el Cuco" en el programa de Telecinco La Noria ha vuelto a poner sobre la mesa términos como "ética", "libertad de expresión" o "interés público". No sólo eso: muchos anunciantes del espacio presentado por Jordi González han decidido no volver a publicitarse en La Noria, ya que el dinero que pagaron a la cadena de Fuencarral fue a parar, indirectamente, a las manos de la madre de un (presunto) cómplice de asesinato y, sobre todo, de un niñato que está tomándole el pelo a la justicia española.

De esta forma, las marcas L'Oreal, Vodafone, Campofrío, Puleva, Bayer, Nestlé, Panrico, Milner, Banco Sabadell, La Razón y Reale Seguros han prometido no volver a anunciarse en La Noria y, de paso, han quedado como solidarias y comprometidas, cual mujer engañada y enfadada. Por su parte, el programa de Telecinco (con sus tintes de pseudointelectualismo, amarillismo fosforescente y discursos grandilocuentes por parte de su presentador) ha tenido que justificarse, aferrándose a la libertad de expresión y la necesidad del público de conocer la opinión de todos los protagonistas de una noticia. En definitiva, Jordi González y su equipo han intentado aparecer (y parece que ellos sí se lo han creído) como grandes mártires de la información. El aplauso (guiado por el regidor) del público ha sellado su emotivo discurso, con subidas de tono al más puro estilo Escarlata O'Hara, con zoom al rostro severo de Jordi y con un compendio de imágenes de entrevistados en el programa por detrás.

Desde mi punto de vista, tanto anunciantes como La Noria están manipulando y defendiendo algo indefendible. Por una parte, los anunciantes no han optado por romper con el programa de La Fábrica de la Tele porque hayan recibido un baño de conciencia y solidaridad para con la familia Del Castillo después de la entrevista a la madre del nuevo pelo Pantene 2011. Ha sido un individuo el que, utilizando su blog, ha forzado a las grandes empresas ha no colaborar en ese tipo de circos lamentables. Como cuenta Vertele.com, fue Pablo Herreros (¿por qué ese apellido y otras derivaciones tienen tanta presencia en el periodismo?) el que inició desde su blog "Comunicación se llama el juego" una estrategia popular para presionar a los anunciantes que se habían anunciado ese sábado en La Noria y conseguir que retiraran su dinero en las próximas emisiones. A través de cartas firmadas por los voluntarios y dirigidas a estas empresas, consiguió que poco a poco las compañías fuesen anunciando el cese de su publicidad en dicho espacio. En resumen: se han visto obligadas.
Por otra parte, La Noria y su presentador han vuelto a hacer gala del tradicional cinismo telecinquero. No todo se puede amparar en la libertad de información. Evidentemente, se puede -y a veces se debe- conocer la opinión de todas las partes de una noticia: víctimas, culpables, testigos, etc. Por lo que, desde mi punto de vista, no está éticamente mal que La Noria entrevistase a la madre de un criminal. Lo que es sucio es que el programa le pagara. No importa la cantidad -se barajaban unos 10.000 euros-, sino el hecho de que para obtener la información de alguien que se está mofando de la justicia se tengan que poner billetes sobre la mesa. No sé si ingenuamente, pero en la carrera de periodismo nos recomendaban no pagar por la información, ya que así se puede acabar intercediendo en la calidad de ésta. O, en este caso, se colabore con acciones ilegales y delincuentes. Lo mismo ocurre con personajes de la talla de Julián Muñoz y otros implicados en tramas de corrupción: ¿no han hecho ya bastante que encima se les ha de pagar? También en este caso, Jordi González recibía al exalcalde de Marbella hace unos años con una sonrisa y una delicadeza que no tiene con muchos de los otros personajillos que pasan por su programa y cuyos únicos "crímenes" son hacer tal o cual montaje. Todos hubiéramos deseado entrevistar a Bin Laden, pero en el momento en que se le pagara dinero por sus palabras, esta información estaría manchada, enmierdada y, tanto en el caso del difunto líder de Al Qaeda como en el de "el Cuco", llenas de sangre.

27 oct. 2011

¿Quién nos obliga a hacer un máster?

Hoy en día, tal como está la situación económica, los jóvenes -y no tan jóvenes- licenciados (aquí entran ya diplomados, graduados y todas las posibles variantes) universitarios nos planteamos qué hacer después de la carrera. "Trabajar" decimos la inmensa mayoría, pero la realidad no nos lo pone demasiado fácil. "Seguir estudiando" parece ser la respuesta casi obligada que muchos nos vemos obligados a pronunciar. Desde ministros, hasta sociólogos, pasando por nuestros contactos más cercanos o aquellos que menos nos conocen, todos parecen estar tocados por alguna gracia ancestral que les dá potestad para aconsejarnos seguir formándonos. Por supuesto, el conocimiento no ocupa lugar y la propia vida es un proceso de aprendizaje. Pero si optamos por seguir estudiando no es porque no nos apetezca trabajar, sino porque no nos queda otra.

Ahora bien, la siguiente pregunta es: "¿Qué estudio ahora?"; cursos gratuitos para desempleados, másteres universitarios, expertos, diplomas, talleres... La respuesta puede ser infinita. Pero sin nunguna duda, una que cada vez ha ido ganando peso es la de los másteres. De 2007 para este tiempo la palabra máster ha pasado de ser un complemento voluntario que unos pocos adquirían para perfeccionar sus conocimientos a una obligación para cualquier titulado universitario. ¿Acaso los años de carrera no han servido para nada? Sí, seguramente han servido, pero igual que Steve Jobs y otros genios informáticos crearon necesidades para satisfacerlas con sus propios productos, la Universidad española (supongo que siguiendo el ejemplo europeo) ha creado en nosotros, los titulados, la necesidad de cursar algún tipo de educación de postgrado para "ser más competitivo", "homologarnos a Europa", "especializarnos" o alguna de las demás parafernalias dialécticas que tanto gustan a decanos, rectores, ministros y políticos en general.

"Está bien, estudio un máster pero, ¿cuál?" es la siguiente pregunta. La respuesta en ese sentido se expande aún más, tanto que hasta el propio Stephen Hawking se haría "la picha un lío". Relacionado con tu carrera, para especializarse, o de otro campo, para diversificarse. Uno eminentemente práctico o de cariz investigativo. Uno oficial o uno propio. Las combinaciones pueden ser cientos. En resumidas cuentas, podemos optar, en primer lugar, por másteres oficiales: aquellos que, impartidos por centros públicos o privados, cuentan con la homologación de ANECA y, por tanto, adaptado al plan Europeo de Educación Superior -comunmente conocido como el Plan Bolonia. Este tipo de másteres, cuando se imparten en centros públicos, deben estar sujetos a unos precios públicos establecidos por la respectiva comunidad autónoma, aunque normalmente rondan los 1.700 euros por curso (y suelen ser de un curso o 60 créditos). Los centros privados, por su parte, pueden establecer el precio que les plazca. Como ejemplos -de los que yo he investigado-, el interesado en un máster de periodismo podrá optar desde el máster oficial de periodismo multimedia profesional de la UCM de 1700 euros, hasta el máster de periodismo de Unidad Editorial-El Mundo, que asciende a unos 11.000 euros.
Por otra parte, encontramos los másteres propios, cuyo plan ha sido diseñado por cada centro -públicos o privados- y por tanto no tienen obligación de establecer un precio concreto. En este caso, los precios de universidades públicas son tan altos como los de las privadas.

"¿Y para qué me servirá un máster?". A esa respuesta todavía no he llegado. Después de un año buscando y rebuscando másteres asequibles, con buen programa y contenido práctico, sólo puedo decir que sirven para contar con un arma más en la jungla del mercado laboral. Los contactos -y enchufes- son primordiales para encontrar un trabajo; pero aquellas extrañas empresas o entidades que se dejen llevar por el currículum del candidato, seguramente habrán sido adoctrinadas, como el resto de mundo estudiantil, en la imperiosa necesidad de cursar un máster y hacerlo patente en el CV. En otras palabras: como todo el mundo acabará por tener uno, hay que estudiar un máster.

¿Y todo este rollo a qué ha venido? Pues, como todo lo que hay en este blog (qué aburrido debe ser para alguien que no sea yo...) porque me preocupa personalmente. En pocos días empezaré un máster oficial en Estudios Europeos de la Universidad de Sevilla (con la ingenua ilusión de que, algún día, me pueda servir para informar de temas europeos o, simplemente, políticos y económicos) y, día sí día también, me planteo si me servirá de algo en el futuro. Por supuesto, para saber más, que nunca viene mal. Pero, sinceramente, lo hago porque no hay un hueco para mí en este mundillo; porque las empresas ni siquiera quieren contratar a semi-esclavos por 400 míseros euros al mes; porque la fábrica en la que se ha convertido la Universidad produce muchos más licenciados de los que el mercado es capaz de absorber y, a la vez, los obliga a volver a su seno para dejarse otros miles de euros en ella y poder presumir de sus muchos másteres y sus muchos campus de excelencia; porque desde pequeño crees que después de la Universidad trabajarás como tus padres y ahora nos encontramos con este temporal. En resumen, en este momento, con el título de licenciado todavía en el horno (o en la Zarzuela, como se suele decir), hago un máster porque me obliga el sistema educativo que entre todos se han encargado de construir. En cualquier caso, espero aprender lo máximo posible y que me abra las puertas que de momento me ha cerrado el periodismo convencional.

11 sept. 2011

10 años después


Supongo que es una sensación universal: cuando eres pequeño, los años se suceden mucho más lentos y, a medida que creces, el tiempo se acelera. Al menos así lo siento hoy, diez años después del atentado del 11-S en el World Trade Center. De 2001 a 2011 el tiempo parece haberse acortado, comprimido, acelerado. Los recuerdos están más frescos y todavía no adquieren ese tono amarillento, borroso y nostálgico de la niñez. Lo vivido desde entonces, durante estos diez años, todavía sigue siendo cosa del presente; algo actual, reciente. Con 14 años -los que tenía yo aquel horrible 11-S- pensar en la década anterior era remontarse a tiempos casi ancestrales, que se sumergían en la más primaria infancia hasta perderse de vista. La comunión de mi hermana, las Olimpíadas de Barcelona, la muerte de mi abuela, los regalos de Reyes Magos... Eran algo muy lejano y borroso. Sin embargo, ahora pienso en 2001 y lo siento mucho más cerca y vívido.

Como siempre que sucede algo importante, recuerdo prácticamente todo aquel 11-S. Pocos días antes de comenzar 3º de ESO, aprovechando los últimos días de sueño hasta las tantas, desde mi habitación escuché a mi padre y mi hermana comentando las últimas noticias de la tele, desde la que la voz de Matías Prats relataba algo con su característico tono de sorpresa. Según mi padre, una avioneta se había estrellado contra una de las Torres Gemelas. Después vino aquella frase: "un segundo avión". No era casualidad. A partir de ahí, durante todo el día, la televisión fue una ventana al mundo gracias a la cual todos éramos Nueva York. Para que luego la critiquen. En mi memoria quedan aquellos informativos eternos, sin publicidad, en los que Àngels Barceló, Matías Prats, Ana Blanco y otros periodistas demostraron lo grande que puede ser el periodismo y lo grandes que son ellos mismos. Sin apenas nuevos datos, sólo con las terribles imágenes de las Torres derrumbándose, el Pentágono en llamas y el avión de Pennsylvania estrellado, fueron capaces de mantenerse delante de una cámara sin dejar de hablar ni un minuto.

Lo que vino después, todos lo sabemos. Muertes, culpables, sed de venganza y dolor, mucho dolor. No sé los demás -EEUU siempre ha tenido muchos detractores- pero durante aquel día tuve la impresión de que, al ver el dolor de los estadounidenses, todo el mundo -al menos Occidente- éramos un poquito norteamericanos. Al menos yo, sentía aquel ataque como un ataque a nosotros mismos, a Europa, a España y a ese mundo surgido de la Ilustración, la Revolución francesa, la Revolución norteamericana, las dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría y la paz actual (entre nosotros). Una ofensa a nuestros valores -buenos o no, pero nuestros- y nuestra civilización. Y a nuestros conciudadanos.

Seguramente será por mi anglosajonfilia (no sé si existe ese término) y mi admiración por Estados Unidos -posiblemente consecuencia del imperialismo cultural al que nos han sometido desde hace décadas, pero al fin y al cabo, los admiro-, cada vez que veo las imágenes de las Torres cayendo y los ciudadanos gritando, se me encoge el estómago como lo hacía en 2001.

Quién nos iba a decir a nosotros, españoles, alejados de este tipo de sucesos internacionales, que sólo tres años y medio después, Madrid sentiría el dolor en sus propias entrañas.


3 sept. 2011

Los Belenazos


Más de un 20 por ciento de la audiencia volvió a interesarse anoche por la enésima discusión entre Belén Esteban, garrapata televisiva donde las haya, y su marido. La suburbial pareja vuelve a distanciarse por culpa de amistades de una parte, recriminaciones de otra, dinero y fama. ¿Pero la noticia era nueva? ¿No ocurrió algo parecido hace pocos meses? De hecho, ¿no ha sucedido ya varias veces? Sí. Y algo hace pensar que las discusiones, rupturas, lunas de miel y exclusivas de la pareja, del mánager y del programa en general no son, ni mucho menos, casuales.

Algunos portales web dedicados a la televisión, como Vertele.com o Formulatv.com han denominado a estas exclusivas cíclicas de la incombustible ex de Jesulín como "belenazos". Dícese de aquella polémica relacionada con la Esteban y avivada hasta la saciedad por el programa Sálvame que desemboca en una supuesta exclusiva en su versión nocturna, previo anuncio por parte de la cadena y de todos sus programas. Además, a esa exclusiva le preceden varios días o incluso semanas de ausencia de la madre de Andreíta, para hacer si cabe del regreso de Belén un momento presuntamente ansiado por la audiencia. ¿Ejemplos? La operación estética (terrible obra del Dr. Vila-Rovira), la infidelidad de Fran, la respuesta a las declaraciones de María José Campanario, la ruptura veraniega con su marido y otros muchos, siempre relacionados con Jesulín, Andreíta, Campanario o su entorno.

¿Los artífices? Dos hipótesis: la primera, que bajo esa capa de silicona, narices de pega y ojeras haya una cabeza pensante que ha sabido mantenerse en la televisión sin ningún tipo de mérito por más de diez años. La segunda, que ella no sea sino una simple marioneta al servicio de su representante, de su programa, de la productora y de la cadena para la que trabaja. En todo caso, un fenómeno televisivo tan estrujado tiene muchas papeletas de acabar seco, desgastado y tirado en un contenedor. Aunque más de dos millones de personas siguen preocupadas por sus idas y venidas...

2 sept. 2011

Un mundo que cae


Muchas veces se ha hablado, se ha escrito o se han producido películas sobre el fin del mundo. Extraterrestres, catástrofes naturales o criaturas extrañas eran los causantes de la muerte en tropel de los seres humanos y todo ser vivo terrestre. Sin embargo, el fin parece estar cerca. Y no son precisamente especímenes de otros mundos los que acabarán con el mundo que conocemos. Será el hombre. Y tampoco ese fin supondrá la muerte automática de millones de personas ni la destrucción de Nueva York, París y Londres (porque a España u otras partes del planeta nunca llegan esas escenas peliculeras). El fin del mundo, del mundo conocido, se está produciendo ya; el sistema capitalista, el auténtico Mundo, está en pleno proceso de descomposición y nadie sabe cómo acabará. Sí, está claro que pervivirá, que no vamos a acabar -gracias a Dios- en una URSS, en un régimen fascista o en feudalismo. Pero nuestro mundo, ese del dinero, los coches, las casas, la Seguridad Social, las escuelas públicas, los hospitales, las carreteras y el apoyo -en mayor o menor medida- de Papá Estado va a cambiar. Y mucho. Adiós a la Sociedad del Bienestar. Adiós -ya era hora- al despilfarro de políticos corruptos, enchufes, comisiones, subcontratas y empresas públicas. Como dice uno de los muchos lemas de los Indignados, "no hay pan para tanto chorizo". Y lo peor es que tampoco hay pan para los que no somos chorizos, no hay pan para el jamón ibérico ni para la mortadela con pistachos. Pero sí hay impuestos, sacrificio, recortes y obligada conciencia social.

Sobre nuestras espaldas, las de los ciudadanos, las de los parados -entre los que me encuentro- caerán con impostada conmisceración los ladrillos de ese nuevo mundo, ese que emergerá cuando caiga definitivamente el anterior.

Muchos jóvenes de mi generación, de algunas mayores y -si la Play todavía les deja pensar- de otras menores hemos sentido alguna vez envidia por nuestros padres y por aquellos que vivieron la Transición española, ese momento de cambios sustanciales en la vida y la sociedad españolas. Y, sin embargo, apenas nos damos cuenta de que nosotros mismos nos bañamos en las aguas de una transición mayor, más radical si cabe, en la que pasaremos a ser todavía más masa social, más pobre y gris, para que el Sistema, esa Autoridad abstracta, ese Dios moderno, ese Matrix disfrazado de prosperidad, siga nutriéndose de nosotros y no se ahogue en sus propios vómitos. Igual que nosotros estudiamos el surgimiento del capitalismo en los burgos de la Baja Edad Media, la industrialización, los movimientos sindicales, el crack del 29 o los golden boy americanos de los ochenta, las generaciones del futuro nos analizarán a nosotros, a aquella sociedad acomodada que no supo entrar en el siglo XXI con pies firmes y que tuvo que replantearse a sí misma para seguir viva. Quien sabe, quizás esos libros de texto estén en chino, y sólo en chino.

30 ago. 2011

Una de mis poesías favoritas

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero

29 ago. 2011

Muestras After Effects

video

Una breve muestra de algunas de las prácticas realizadas con After Effects para el curso de Editor-Montador de Imagen que ha ocupado la mitad de mi año 2011.

26 ago. 2011

¡4.000!

Para otras páginas esa será una cifra mediocre; pero para este blog, nacido para una asignatura de la carrera y semiabandonado en los últimos meses, es todo un mérito. Así que, a los que, anónimamente (porque ya os vale, por dejar un comentario no pasa nada, eh) entráis y sigilosamente os marcháis, ¡CUATRO MIL GRACIAS A TODOS! En los próximos días retomaré la escritura, que últimamente tengo muchas inquietudes mentales que quiero compartir mis misteriosos visitantes.

PD: Insisto, dejad comentarios, que Blogger no muerde.

1 ago. 2011

Desesperación


Me prometí a mí mismo ser optimista en las nuevas entradas que publicara en este blog. Pero no puedo. A decir verdad, día a día me voy haciendo más pesimista, el mundo me va asqueando un poco más y empiezo a tener dudas de si realmente algo va a tener futuro. Algunos días me despierto optimista, ilusionado con este o aquel proyecto, idea, estudio o, simplemente, una mera fantasía. Pero otros, como este preciso momento, me siento asqueado, impotente y ridículamente pequeño en un mundo que pasa olímpicamente de mí. Y la culpa, por supuesto, la tiene la estúpida autorrealización personal, el sentir que la profesión para la que te has preparado no tiene un hueco para tí y, si lo tiene, no te lo va a ofrecer. Todo el esfuerzo, la ambición y el perfeccionismo que le he puesto a la carrera; toda la vocación que he sentido durante el escaso contacto con el mundo profesional; y todos los intentos por agarrarme a él de cualquier forma, por cuasiesclavista que sea, no sirven para nada. Buscas una oportunidad y no la encuentras; cuando la encuentras, no te la dan. Aprendes a vivir con la frustración como compañera de viaje. Aunque ni siquiera tienes dinero para un billete en condiciones...

12 jul. 2011

Ahora sí, vuelvo


Parece que fue ayer cuando publiqué la última entrada asegurándome a mí mismo que volvería a escribir en este blog al día siguiente. Y han pasado casi tres meses... Así que ahora tengo que comprometerme conmigo mismo y escribir, sí o sí. Pero no quiero volver a hacerlo con el tono protestón, quejica y pesimista que rezumo en tantas otras entradas anteriores. Si no de una forma positiva y acorde a la maravillosa situación que vive el país y un servidor. ¡A quién voy a mentir! ¡España se hunde! Seguiré quejándome, criticando y autoflagelándome, porque para eso es este blog, para escribir lo que me apetezca. Pido disculpas a quien entre por alguna otra búsqueda en Google y acabe aquí. Se encontrará chorradas, algunos posts quizá útiles (al menos yo aprendí bastante escribiéndolos, como el de Rupert Murdoch, tan en boga estos días) y esta especie de diario pedante en que se fue convirtiendo el blog, abierto para la asignatura Producción Periódistica (qué atrás queda eso o, como diría la joven María Teresa Campos, ¡Qué Tiempo Tan Feliz!). To sum up, que hago la promesa de escribir más; quizás no cada día, pero sí un poquito más a menudo. Y por favor, si por alguna casualidad eres un director, editor, propietario o algún puesto de influencia en un medio de comunicación o similares, contrátame. No te arrepentirás (esto ya es arrastrarse, lo sé, pero no me queda otra). Que la fuerza os acompañe.

18 abr. 2011

¡La Trastienda sigue viva!


Lo sé. Este blog ha estado muerto más de dos meses. No había mucho que contar... Bueno, vale. No es excusa: las revueltas árabes, el tsunami y la crisis nuclear en Japón, la eterna crisis económica... De acuerdo, ha habido cientos de acontecimientos importantes como para comentar. La razón a mi ausencia es tan simple como la falta de tiempo y de "inspiración". Sí, aunque sea para escribir en un blog hace falta algo de inspiración. Y no sé por qué, pero no la he tenido. De hecho, creo que todavía no la tengo. Así que no esperaré a que vengan las musas; como decía el profesor de la asignatura Escritura Narrativa de la facultad (para qué ocultar su nombre: Miguel Nieto), la única musa que existe es la disciplina, el ponerte cada día un horario para escribir, para comerte el coco y crear algo. Y como durante esta semana estaré algo más libre, seguiré sus consejos y me pararé a pensar, a desmenuzar (léase criticar desde mi escasa experiencia y conocimiento) los temas que más me interesan. Un proceso al que me someteré a partir de mañana (ya, estoy pisoteando eso de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", pero bueno). Antes de nada, tengo que dar las gracias a esas personas anónimas que, como gotitas, se han ido acercando al blog incluso cuando llevaba meses sin actualizarse.

1 feb. 2011

Acosado por el 1004


Jim Carrey sufrió lo suyo con el número 23. Pero nada comparado con la tortura y el acoso al que nos someten las compañías telefónicas. Llevo dos semanas recibiendo insistentes llamadas del 1004, que por experiencias anteriores (igualmente acosadoras), sé que es Movistar. Cada día, a varias franjas horarias (casi siempre sobre las 11 de la mañana, otra sobre las 5 de la tarde y otra sobre las 8) veo ese numerito invadir mi móvil mientras suena el cada vez más aborrecido tono de Rihanna y Eminen. Pensaréis: contesta y diles que no quieres nada. ¡Pero es que no quiero! Ya estoy harto de deshacerme de teleoperadores de Jazztel, de Vodafone, de Movistar (fijo), de tarjetas de crédito y de la Escuela Aeronáutica que me ofrece cursillos para ser el azafato más exitoso de las alturas. ¡¡¡Harto!!! A los que menos odio es a los de la Escuela Aeronáutica, un poco más amables y menos pesados. Reproduzco mi conversación anual con ellos:
"-Hay alguien en su familia de entre 18 y 30 años?
- Sí, yo.
- Le llamo de la Escuela Aeronáutica, para ofrecerles una formación como auxiliar de vuelo, un empleo con el que podrá llegar a cobrar hasta 3.000 euros (¡JA!), subvencionado en un 50%.
- Sí, ya me llamaron el año pasado, pero no me interesa... gracias"

Y educadamente cuelgan. De hecho, hace un par de semanas, la incansable secretaria de algún lugar del suelo patrio rió cuando le dije que "sí, si lleváis tres años llamándome".

Pero los de las operadoras telefónicas son distintos. Bueno, tan distintos que a veces dudo de que sean humanos. Te llaman, se lo coges tímidamente con ganas de decirles que no, pero te sueltan el rollo sin que puedas encontrar un hueco para decirles "gracias pero no". Y cuando consigues decirle "no, no tengo pensado cambiarme", te intimidan con un "¿y por qué no? ¿cuánto paga con su compañía?". Al principio le daba ciertas explicaciones ("es que gasto muy poco y no me compensa") pero hace tiempo opté por un "no, se lo agradezco pero no me explique más porque no me cambiaré" y acababan cortando rápidamente. Algunas veces, tan rápido que colgaban sin despedirse. ¡¡¡Qué ordinariez!!!

Y si, como yo en estas últimas semanas, optas por ignorar sus llamadas o pulsar la teclita roja para poner fin a tal acoso, acabas en el siniestro listado de "por llamar". Vamos, un bucle sin fin. Casi peor son los mensajitos de Vodafone. Sé que vendí mi alma cuando solicité el adelanto de saldo y acepté esas misteriosas condiciones de recibir un anuncio diario. Desde entonces no hay día en el que Vodafone no me invite a pasarme a contrato, a ponerme tal o cual tarifa o a chorradas varias. Y mención especial merece Antena 3. Desde que mandé hace años un SMS solidario para con las víctimas del tsunami de Tailandia, la cadena de Lara se quedó con mis datos y de vez en cuando me envía SMS del tipo "Has sido preseleccionado para Rico Al Instante: manda un mensaje con la palabra tal y podrás optar a...".

Bueno, ya me he desahogado. Pero sigo temiendo que, cualquier día, me llamen del 1004 y me digan que me quedan siete días. Al séptimo, como todos sabemos, aparecerá una dulce niña muerta de la pantalla... Aunque no me comerá; simplemente me dirá "hola señor, le llamamos de Movistaaarrr".

28 ene. 2011

¡Revolución!


El derrocamiento del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Ali debería ser una buena noticia para Europa y Occidente, tan preocupados siempre por extender las democracias a los países carentes de ella. Sin embargo, ¿por qué no se pronuncian al respecto las naciones occidentales?

Sinceramente, no puedo opinar demasiado sobre la situación de Túnez, de Egipto o del resto de países del norte de África y Oriente Medio porque no sé demasiado. De la vida de Fidel Castro, Sadam Hussein, o de los pseudodictadorzuelos bananeros Hugo Chávez y Evo Morales todo el mundo tiene una idea bien asentada: son malos. ¿Por qué? Porque perjudican (o perjudicaban, como es el caso de Hussein) los intereses de los países del primer mundo. De la sucia monarquía marroquí, del recién caído Ben Ali o del egipcio Mubarak, sin embargo, no sabemos tanto. No es que los medios los obvien (de vez en cuando tratan asuntos relacionados) sino que a los propios gobiernos europeos y estadounidenses no les debe de interesar demasiado que se altere la situación de estos países. ¿La causa? No lo sé (así que ahí dejo la pregunta, para que cada uno busquemos nuestras propias respuestas). En el caso del silencio de Francia y España respecto a la crisis de Marruecos y el Sáhara Occidental la respuesta estaba clara: el país galo, como ex metrópolis del reino alauita y con tantas inversiones e intereses en Marruecos, no le convenía intervenir. A España, con Ceuta, Melilla y Canarias tan cerca de Marruecos, y con ciertas dependencias e intereses en ese país, tampoco. Pero en el resto, habría que preguntárselo.

La "revolución" (hay que esperar para ver si esos cambios se asientan realmente o sólo son un bache que fácilmente puedan superar estas dictaduras) de Túnez se ha convertido en todo un símbolo para los ciudadanos de otros países dictatoriales. Egipto ha sido el siguiente en ver cómo sus hasta ahora abnegados súbditos salían a la calle para reclamar cambios. Y lo mismo deberían hacer el resto de "repúblicas presidencialistas" o "monarquías constitucionales" de la zona: Marruecos, Argelia, Siria o Irán. Tiranos como Mohammed VI, Abdelaziz Bouteflika, Bashar al-Assad y Ahmadineyad deberían ser los siguientes en caer y en huir despavoridos a Arabia Saudí, donde su ostentosa familia real (recordemos cómo España se arrodillaba a la corte saudita en sus veraneos marbellíes) seguramente les dará la bienvenida.

Lo mejor de todo esto: la relevancia de Internet en los movimientos populares. Se le podrán criticar cientos de aspectos (que si piratería, que si porno, que si violación de la intimidad), pero la Red (y, especificando, las redes sociales) han servido para que, lejos de la inquisitorial mirada del régimen, miles de personas se pusieran de acuerdo para organizar un levantamiento. Prueba de ello es el empeño de estos países -especialmente Siria- por controlar las comunicaciones e Internet.

21 ene. 2011

El despiece de Prisa

La situación de Prisa me da auténtica lástima. Después de unos años arrastrando una deuda de 5.000 millones de euros (se dice pronto), de haber vendido el 25% por de la emblemática Santillana (germen del grupo fundado por Polanco), otro 25% de Unión Radio (Cadena Ser) y Cuatro y Digital+ a Telecinco y Telefónica, dictó su sentencia de muerte (al menos, tal como conocíamos al grupo español) cuando el fondo especulativo estadounidense Liberty se hizo con el control del grupo. La hasta entonces empresa familiar de los Polanco, de dimensiones internacionales, ha pasado a ser un enfermo gigante al que hay que hay que ir estirpándole los tumores malignos para evitar que se extiendan. O un barco de cuya carga hay que desprenderse antes de que le acabe hundiendo. Muchas metáforas pueden describir el asunto.

A Liberty no le ha bastado con cambiar la imagen y desplazar a los Polanco. Como buen fondo especulativo, está dispuesto a eso: a especular con las divisiones del grupo para saldar la deuda y, seguramente, para obtener sus propios beneficios. Según publican varios diarios electrónicos (El Confidencial o PR Noticias, entre otros), Liberty y Juan Luis Cebrián prevén una brutal restructuración del grupo que, gracias a la liquidez facilitada por el fondo especulativo, llevaría a Prisa a despedir a unos 3.000 empleados del grupo. Cebrián ya anunció en noviembre que, de los 650 millones de euros que obtuvieron los Polanco con la entrada de Liberty, unos 95 millones servirían para acometer una importante redimensión del grupo. Ya no tienen excusa para aplazar los despidos: disponen de dinero suficiente para indemnizaciones.

Según El Confidencial, los despidos y cierres de proyectos no rentables (véase el caso de CNN+) se acometerán en un plazo de dos años. Funtes de Prisa justifican los recortes por el exceso de personal en las áreas administrativas y, sobre todo, en Santillana (de la que quiere desprenderse Liberty) y las radios del grupo, aunque la reestructuración afectará sobre todo a los trabajadores de Latinoamérica.

En definitiva, Prisa camina hacia la desintegración o, al menos, hacia la pérdida de una posición que ha ocupado durante décadas: la de liderazgo. Gran parte de su capital ya no es español; la familia que lo vio nacer y crecer (muchas veces gracias a estrategias no demasiado limpias) presencia la venta por fascículos de empresas tan emblemáticas como Santillana o Ser; y, lo peor, más del 20% de los trabajadores del grupo tienen un pie en el paro. ¿Qué va a ser de Prisa? La banca ha refinanciado (por enésima vez) su deuda hasta 2013. Desde la cúpula del grupo se sigue insistiendo en que todas las divisiones del grupo siguen ganando dinero, pese a que las malas operaciones financieras a gran nivel mantienen a la corporación en números rojos. Así que, esperemos, la redimensión de Prisa, que a todas luces perderá volumen, sirva para que el grupo, aunque más pequeño, siga zarpando en los agitados mares periodísticos.

13 ene. 2011

¿Qué pasa con Noticias Cuatro?

Siempre he considerado a los informativos de Cuatro, sobre todo los del mediodía (que hasta hace pocas semanas presentaba Javier Ruiz), como uno de los mejores de la televisión privada. Con un tono ameno y comprensible, desgranaban asuntos internacionales, económicos o políticos de primera magnitud sin pararse demasiado en lo anecdótico o amarillo (aunque, como todos, también hubiera sitio para noticias de ese calibre). Y hablo en pasado porque, mucho me temo, la influencia de Telecinco ya se está dejando ver en la otrora cadena de los Polanco y Cía. Empezando por la imposición de Hilario Pino, que ha acabado con el tono natural y casi didáctico del anterior presentador, para dar lugar a su característico estilo palabra-por-palabra; y, lo más importante, los contenidos. Aunque formalmente las noticias mantienen cierto toque de creatividad -supongo que los redactores y editores siguen siendo los mismos-, las informaciones sobre Obama, la crisis, las cumbres internacionales o el Banco Mundial han dado paso a (el informativo de hoy es un claro ejemplo), a los temas más "telecinqueros": pelea de mujeres en un barrio de Florida (con la consiguiente pormenorización e imágenes de traseros al aire), el cobro de impuestos a las prostitutas holandesas (con afirmaciones tan elegantes como "tendrán que contabilizar los condones usados"), la petición del Papa de que los fieles les pongan nombres cristianos a sus hijos para que estos puedan "renacer" en el seno de la Iglesia (en ese caso, yo debo de estar en el limbo...), una mujer que amenaza suicidarse...
En cuanto a audiencia, los informativos de Hilario Pino han mantenido, incluso disminuido sensiblemente los datos de Javier Ruiz. Y peor lo tienen otras de las caras de Telecinco que han colonizado Cuatro: el Fama 5 de Tania Llasera logró un pésimo 2,5% de share en prime time el 10 de enero; el Allá Tú recién estrenado en Cuatro, un 3,8% (por debajo, incluso, del Dame una Pista de Luján Argüelles); Marta Fernández mantiene el mismo porcentaje que Concha García-Campoy en Las Mañanas de Cuatro; y esta última ha empeorado los datos del edición matinal de Informativos Telecinco (reemplazando a Hilario Pino).
En definitiva, ¿a quién beneficia la fusión en términos de share?

11 ene. 2011

The Walking Dead: los zombies invaden el mundo

Adelantándome a su estreno en La Sexta, hoy mismo, y violando los inquebrantables principios de la ministra González-Sinde, antes de ayer acabé de ver la primera temporada de la última serie de zombies en Internet. Y, francamente, me ha encantado. Por eso mismo (de nuevo en honor a Sinde), volveré a ver en la tele los seis capítulos de los que, de momento, se compone The Walking Dead.
El comienzo de la historia es, de alguna forma, un tanto previsible: un hombre (poli, para más inri) despierta en el hospital y descubre que el mundo, tal como lo conocía, ha desaparecido. En lugar de personas, las ciudades están abarrotadas de asquerosos "caminantes", muertos vivientes que ansían la carne fresca de los vivos. En esa tesitura, Rick, que así se llama el protagonista, está dispuesto a buscar a su familia y a alguien que le pueda ayudar.

Aunque en un principio los capítulos parecen algo lentos, comparados con otras películas de temática parecida en las que no hay minuto sin acción, zombies o mamporros, el ritmo pausado pero tenso de la serie le da mayor credibilidad y no hacen falta zombies por doquier para sentir que el peligro les acecha. Además, da tiempo a conocer a los principales personajes en profundidad y valorar a la persona frente al "caminante"; es decir, la vida, la experiencia y los recuerdos de una persona, frente al vacío mental de los zombies.

Basada en una serie de historietas estadounidense, la producción de la segunda temporada continuará en junio de este año; mientras, nos quedaremos con la duda: ¿experimento nuclear? ¿virus letal? ¿síndrome de Belén Esteban? ¿Cómo y por qué los zombies están exterminando a la raza humana? El comienzo de todas las preguntas, esta noche en La Sexta.

4 ene. 2011

3.000 visitas (reales): ¡GRACIAS!


Lo sé, para muchas otras páginas, 3.000 visitas no son nada; pero para esta, ¡son todo un récord! Sobre todo, porque al final le he cogido el gustillo a esto de los blogs y, lo que sólo era un trabajo para una asignatura de la carrera, ha acabado convirtiéndose en una especie de diario de abordo donde voy comentando aquello que me interesa día a día. Y subrayo eso de 3.000 visitas reales porque, a diferencia de otros contadores que cuentan hasta los suspiros (tus propias visitas, una detrás de otra en un mismo día), el de Histats que tengo instalado es bastante fiable y poco falseable (entre otras cosas, sólo recoge una visita por IP por día). De paso, debo mandar un saludo a esa misteriosa gente que ha ojeado La Trastienda desde sitios tan remotos como Syosset (Nueva York), Latinoamérica o Rusia (según recogen los datos de Histats). Sí, seguramente entraron para copiar/pegar alguna foto o saltando de un blog a otro sin prestarle atención, pero a mí me hace ilusión ;-) Así que nada, en el nuevo año espero seguir escribiendo más y mejor, y que el goteo de visitantes que pasan por aquí dejen algún comentario, ¡que es gratis!

2 ene. 2011

Guerra de promos entre Telecinco y Antena 3



Antena 3 y Telecinco están en guerra. Al menos, de promos. Desde hace unos meses, la lógica competencia por hacerse con la audiencia y erigirse en cadena privada líder ha dado paso a un conflicto en el que ambas por igual se lanzan indirectas entre ellas y se muestran ante el público como la mejor opción. La última muestra de esta batalla, no demasiado ruidosa (podrían denunciarse por competencia desleal) son las promociones que ambas cadenas han producido para este comienzo de año. La cadena de Planeta ha escogido el lema "Antena 3 PONE" y ha grabado un elaborado spot musical (ideado por la agencia publicitaria de Risto Mejide, cuyo contrato con Telecinco expiró hace solo unos días) con las estrellas del canal: Jorge Fernández, Sandra Daviú, Matías Prats, Susanna Griso, Javier Cámara, los actores de Hispania, Bandolera, Los Protegidos, Física o Química, El Barco, etc. Al son de la famosa canción Proud Mary, los actores y presentadores lanzan disimuladas indirectas a Telecinco: "Aquí cualquiera sale / Pero no todo vale; Pone los informativos / En los que el amarillo no es más que un color/ Entretenimiento que no humilla a nadie". Con esa campaña, Antena 3 pretende marcar la diferencia con respecto a Telecinco, y centrarse en sus series, películas e información y en la variedad de contenidos frente a la homogeneidad de la cadena de Mediaset.

La respuesta de Telecinco no se ha hecho esperar: "El dato PONE lo que PONE, y lo que pone es que tú nos eliges en diversión". Como lleva haciendo varios meses (desde el estreno de Hispania y Felipe y Letizia, más concretamente), compara sus resultados de audiencia únicamente con su gran rival, Antena 3. Así, recuerda que fue "líder indiscutible en 2010" (pese a que el liderazgo lo consiguió La 1), con un 14,6 frente al 11, % de A3, para a continuación ir comparando todos sus programas con los de la cadena de Planeta: El programa de AR frente a Espejo Público (omite que La mañana de la 1 ha superado ya a la veterana presentadora), ficción nacional, informativos (sorprende como para estas dos últimas, pese a una diferencia de décimas, el gráfico de barras de Telecinco casi dobla al de Antena 3), etc.



Los de Fuencarral vuelven a hacer hincapié en su lema "deja atrás la tristeza" para un spot basado en unos datos cogidos con pinzas y algo manipulados (por ejemplo, no hace ninguna referencia a la franja horaria que va de las 12.30 a las 15.00, en la que La Ruleta de la Suerte y Los Simpson superan con creces a Mujeres y Hombres y Viceversa; o los fines de semana, en los que Antena 3 suele ser líder de las comerciales). Además, aunque eso no sorprende demasiado, frente al intento de mostrar calidad y actualidad que hace Antena 3 con su campaña (que luego lo consiga en determinados contenidos, como DEC, es otra cosa), Telecinco sólo se fundamenta en la diversión; ni rastro de preocupación por hacer una televisión con buenos contenidos, buen cine, buenos informativos y todas esas cosas. Pero bueno, Paolo Vasile ya dejó claros los objetivos de esta cadena...

¿De dónde viene esta guerra? Aparte de su eterna competencia como las dos cadenas privadas veteranas, ha sido en los últimos meses cuando la tensión entre Antena 3 y Telecinco se ha hecho más evidente. Si con la contraprogramación de Los Serrano frente a Aquí No Hay Quien Viva (que llegaba a anotar más de un 30% en sus emisiones) ya se engendró una lucha más evidente entre los dos canales -que acabó en una sucia compra por parte de Telecinco de la productora de José Luis Moreno y, por tanto, con la destrucción de ANHQV-, ha sido quizás la falta de respeto del programa Sálvame y sus selectos contertulios la que ha hecho que ambas empresas se ataquen a través de promociones y comentarios en los programas. "Cadena triste", "los tristes" o "la triste" eran algunos de los adjetivos utilizados por el prestigioso premio Ondas Jorge Javier Vázquez para referirse a la cadena de Planeta. El epíteto se extendió tanto que hasta invitados, críticos y cualquiera que quería congraciarse con la Esteban y su trupe lo acuñaban. Antena 3 denunció este verano a la productora de Sálvame, La Fábrica de la Tele, por diferentes ataques que dañaban la imagen de la cadena (entre ellos, el adjetivo "cadena triste"). Desde ese momento, Jorge Javier ha tenido que morderse su viperina lengua.

Posteriormente, el ajedrez en que se convirtieron los estrenos de Hispania y Felipe y Letizia, y de sus satélites La Princesa de Éboli y Tierra de Lobos, provocó otra guerra de promos en los que las dos cadenas se autoproclamaban líderes: Antena 3 comparaba los datos de su serie con los de la tv movie de Telecinco, a la que superaba holgadamente; y Telecinco lo hacía con los resultados de toda la noche, que en su conjunto superaban a los de Antena 3.

Las dos cadenas dieron un paso más en sus siguientes promociones. Telecinco inició una cansina costumbre de recordarnos día a día que la jornada anterior había sido líder, comparándose sólo con Antena 3 (y nunca con TVE1) y acuñando el lema "deja atrás la tristeza", en clara alusión a Antena 3. Por su parte Antena 3 ha seguido contraatacando con otro spot, en el que alude a los datos de una encuesta sobre el gusto de los telespectadores y que sitúa a Antena 3 como cadena privada favorita (de nuevo, omiten que la mejor valorada es TVE1). "Será porque no ponemos lo mismo mañana, tarde y noche. Será porque te respetamos. Quizá, por eso, Antena 3 es la televisión privada que más gusta a los españoles", rezaba el anuncio.
Parece que ambas cadenas le han cogido el gustillo a autopromocionarse atacando al rival. Otro anuncio muy repetido en los últimos días, y que me pone especialmente furioso, es el que deja bien claro el papel de Telecinco en la odiosa fusión con Cuatro: ese en el que la familia de Telecinco, FDF, La Siete y Boing, dan la bienvenida a Cuatro a su nueva casa. Y como dice el refrán, quien duerme con niños, meado se levanta. Así que podemos ir haciéndonos una idea de cómo acabará Cuatro, ese canal dirigido a jóvenes modernos con cierto toque intelectual, viviendo en el mismo techo que Vasile, digo, que Telecinco.
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