16 nov. 2011

La tiranía de los anunciantes


Hace unos días daba mi humilde opinión sobre el caso de la entrevista a la madre de "el Cuco" (cómplice y encubridor del asesinato de Marta del Castillo, presuntamente) en La Noria, de la falta de ética al pagar a semejante personaje y la presión que habían recibido los anunciantes para que dejaran de anunciarse en el espacio de Telecinco. Hasta cierto punto, comprendía ese castigo, aunque creía que sería algo temporal y simbólico. Por supuesto, nunca he considerado ese gesto como un acto de confraternización de Puleva, Campofrío o Vodafone para con la familia de Marta del Castillo o la sociedad española; más bien se vieron entre la espada y la pared y, ya puestos, tuvieron una excusa perfecta para no gastar más en comunicación, en estos tiempos tan duros.

Sin embargo, ahora empiezo a tener serias dudas sobre el papel de los anunciantes en los medios de comunicación. No me gustó nada el discurso grandilocuente de Jordi González aferrándose a la libertad de expresión y de información para defender el pago a una pseudodelincuente. Pero tampoco la tiranía a la que las empresas ajenas al periodismo mantienen a las empresas informativas. Está claro que Telecinco no es la BBC o el New York Times, pero ¿acaso no son libres de emitir lo que les apetezca? Siempre he considerado que la telebasura, como la comida basura (léase McDonalds o Burger King) no hacen daño si se ingieren en pequeñas dosis; en otras palabras, ver un rato Sálvame, Gran Hermano o el reality de turno es perfectamente compatible con leer a Proust, a Milton y a los filósofos griegos. Pero ese no es el tema. Lo grave del asunto, a mi parecer, es que si a una serie de anunciantes no les gusta -por el motivo que sea- el contenido en el cual se anuncian, el medio de comunicación en cuestión tiene que adaptarse y ofrecerle otro, como un mayordomo que muestra diferentes tés a su amo. ¿Es esto libertad de información? Evidentemente no.

Que los anunciantes y la publicidad en general condicionan los contenidos informativos es bien conocido. Por eso las televisiones, radios o periódicos nacionales nunca hablarán mal de Telefónica, Vodafone, L'Oréal o El Corte Inglés. Es una influencia pasiva: "yo me anuncio y tú me respetas". Pero el caso de La Noria incluye ya una influencia activa sobre el programa: "no me gusta lo que haces y o lo cambias o me voy". Aunque en ese caso, viendo el origen del problema, debería ser "de cara al público no me conviene anunciarme en tu programa y o lo cambias o me voy". En cualquier caso, los anunciantes han dejado K.O. al espacio que conduce Jordi González que, sea del color que sea, tiene tanto derecho a estar ahí como nosotros tenemos el derecho de verlo o no.

La situación de La Noria -y, por tanto, en Telecinco-, es difícil, como informa Vertele.com. Con o sin razón, desde la cadena de Fuencarral se alude a teorías conspirativas, en las que podría tener algo que ver Antena 3 u otros grupos mediáticos rivales a Mediaset. En todo caso, la situación es difícil, pues sin anunciantes no hay programa, y cada programa lo forman un centenar de profesionales. Lo curioso de todo esto es, sin embargo, que esas mismas empresas sí se siguen anunciando en aquellos espacios en los que se entrevista a Julián Muñoz, a imputados en casos de corrupción, en programas donde participan ladrones históricos como El Dioni o, ya puestos, a descendientes del Caudillo.

Hipocresía y más hipocresía.

6 nov. 2011

¿Pagar o no pagar a delincuentes?


Vuelvo a hablar, después de tanto tiempo, de periodismo en La Trastienda (que para eso se apellida "del Periodista", aunque más bien sea la de mi mente incansable y a veces paranoica). Pero creo que la ocasión lo merece. La entrevista a la madre de Javier "el Cuco" en el programa de Telecinco La Noria ha vuelto a poner sobre la mesa términos como "ética", "libertad de expresión" o "interés público". No sólo eso: muchos anunciantes del espacio presentado por Jordi González han decidido no volver a publicitarse en La Noria, ya que el dinero que pagaron a la cadena de Fuencarral fue a parar, indirectamente, a las manos de la madre de un (presunto) cómplice de asesinato y, sobre todo, de un niñato que está tomándole el pelo a la justicia española.

De esta forma, las marcas L'Oreal, Vodafone, Campofrío, Puleva, Bayer, Nestlé, Panrico, Milner, Banco Sabadell, La Razón y Reale Seguros han prometido no volver a anunciarse en La Noria y, de paso, han quedado como solidarias y comprometidas, cual mujer engañada y enfadada. Por su parte, el programa de Telecinco (con sus tintes de pseudointelectualismo, amarillismo fosforescente y discursos grandilocuentes por parte de su presentador) ha tenido que justificarse, aferrándose a la libertad de expresión y la necesidad del público de conocer la opinión de todos los protagonistas de una noticia. En definitiva, Jordi González y su equipo han intentado aparecer (y parece que ellos sí se lo han creído) como grandes mártires de la información. El aplauso (guiado por el regidor) del público ha sellado su emotivo discurso, con subidas de tono al más puro estilo Escarlata O'Hara, con zoom al rostro severo de Jordi y con un compendio de imágenes de entrevistados en el programa por detrás.

Desde mi punto de vista, tanto anunciantes como La Noria están manipulando y defendiendo algo indefendible. Por una parte, los anunciantes no han optado por romper con el programa de La Fábrica de la Tele porque hayan recibido un baño de conciencia y solidaridad para con la familia Del Castillo después de la entrevista a la madre del nuevo pelo Pantene 2011. Ha sido un individuo el que, utilizando su blog, ha forzado a las grandes empresas ha no colaborar en ese tipo de circos lamentables. Como cuenta Vertele.com, fue Pablo Herreros (¿por qué ese apellido y otras derivaciones tienen tanta presencia en el periodismo?) el que inició desde su blog "Comunicación se llama el juego" una estrategia popular para presionar a los anunciantes que se habían anunciado ese sábado en La Noria y conseguir que retiraran su dinero en las próximas emisiones. A través de cartas firmadas por los voluntarios y dirigidas a estas empresas, consiguió que poco a poco las compañías fuesen anunciando el cese de su publicidad en dicho espacio. En resumen: se han visto obligadas.
Por otra parte, La Noria y su presentador han vuelto a hacer gala del tradicional cinismo telecinquero. No todo se puede amparar en la libertad de información. Evidentemente, se puede -y a veces se debe- conocer la opinión de todas las partes de una noticia: víctimas, culpables, testigos, etc. Por lo que, desde mi punto de vista, no está éticamente mal que La Noria entrevistase a la madre de un criminal. Lo que es sucio es que el programa le pagara. No importa la cantidad -se barajaban unos 10.000 euros-, sino el hecho de que para obtener la información de alguien que se está mofando de la justicia se tengan que poner billetes sobre la mesa. No sé si ingenuamente, pero en la carrera de periodismo nos recomendaban no pagar por la información, ya que así se puede acabar intercediendo en la calidad de ésta. O, en este caso, se colabore con acciones ilegales y delincuentes. Lo mismo ocurre con personajes de la talla de Julián Muñoz y otros implicados en tramas de corrupción: ¿no han hecho ya bastante que encima se les ha de pagar? También en este caso, Jordi González recibía al exalcalde de Marbella hace unos años con una sonrisa y una delicadeza que no tiene con muchos de los otros personajillos que pasan por su programa y cuyos únicos "crímenes" son hacer tal o cual montaje. Todos hubiéramos deseado entrevistar a Bin Laden, pero en el momento en que se le pagara dinero por sus palabras, esta información estaría manchada, enmierdada y, tanto en el caso del difunto líder de Al Qaeda como en el de "el Cuco", llenas de sangre.
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