6 dic. 2011

En periodismo, como en política, nadie pierde

Como si de unas elecciones generales se tratara, cada vez que se publican los datos del EGM (Estudio General de Medios), todos los medios de comunicación resultan ganadores, líderes o los que mejor se mantienen. La prueba es sencilla: basta con teclear en Google Noticias "EGM" o "Estudios General de Medios". El resultado es un sinfín de noticias en las que sus emisores, ya sean radios o prensa escrita, se autoproclaman campeones y se vanaglorian de sus holgadas audiencias o liderazgos. Llamativa es la relevancia que dan los medios del maltrecho grupo Prisa (El País, Cinco Días, Cadena SER, etc.) al éxito del espacio radiofónico "Carrusel Deportivo" en la última oleada del EGM, sobre todo tras el vaivén de periodistas de la SER a la COPE y las sucesivas declaraciones de unos y otros.

Que subrayen sus triunfos y disimulen sus fracasos es algo lógico, pero ¿hasta dónde puede llegar la manipulación, entendiéndose ésta como una forma de mostrar y ocultar a su antojo, fraccionando la realidad? Las versiones de unos y otros varían razonablemente. El País, en su ejemplar del 1 de diciembre, titulaba "El País, líder absoluto de la prensa", y presumía de su "posición hegemónica" y de la "ventaja de 681.000 lectores sobre el segundo rotativo más seguido" (El Mundo). El Mundo, por su parte, publicaba ese mismo día que el suyo "es el único gran diario que gana lectores", en referencia a los "cuatro principales diarios generalistas a nivel nacional". No queda claro, pues, qué se entiende por gran diario generalista nacional: ¿entrarían en esta definición La Vanguardia y El Periódico de Catalunya, tal como parece incluir El Mundo? El diario Público, sin embargo, se autoconsidera "cuarto periódico de información generalista", obviando así a los dos rotativos catalanes de difusión nacional, y recuerda que su audiencia diaria ha crecido en 41.000 lectores. ¿No era El Mundo el único de los cuatro periódicos generalistas y nacionales que crecía en audiencia? ¿Quiénes son entonces los cuatro?
Todavía más incoherente es el hecho de que Público, en ese mismo artículo, subraya que su diario es el único que ha aumentado en número de lectores, mientras el resto ha bajado: El País un 0,47%, ABC un 12,7% y... ¡El Mundo un 3,47%! ¿Pero no era el diario de Pedro J. el único que había aumentado? ¿Quién miente? (recuerdo que sólo se puede acceder a los datos del EGM si se es asociado y, como no lo soy, tengo que fiarme de lo que dicen los medios)

Algo parecido ocurre con los diarios gratuitos. Qué! se reivindica como "el tercer periódico de información general más leído", (aunque ni El Mundo ni Público lo consideren como tal en sendas clasificaciones de diarios generalistas) si bien como publica PR Noticias, las principales cabeceras gratuitas (20 Minutos, Qué! y ADN) han perdido un 23,4% de lectores en la última oleada.

Y así el resto de medios. La Vanguardia, ajena a descensos en ventas, se erige como la más leída en Cataluña, El País como el diario nacional más leído en Euskadi, del mismo modo que El Correo (como diario no nacional), etc. En definitiva, omisiones. Y las más importantes, aquellas que seguramente indignarán a los empleados de sus plantillas: los despidos, reestructuraciones de plantilla, ERES temporales o definitivos, cierres de emisoras, etc. Tanto El País, como El Mundo, como La Vanguardia, como Público y como casi todos los medios de comunicación representados en ese estudio (del que no forma parte ABC Punto Radio, que cerró varias emisoras hace pocos meses) han recortado sus plantillas y mantienen sueldos irrisorios para periodistas que se dejan la piel en ellos. Pero de eso no hay constancia, ni en un estudio tan manipulable como el EGM ni en la propia información. Dime de qué presumes, y te diré de qué careces.

5 dic. 2011

Vida, muerte y no-existencia


Hace ya varios meses que me planteo escribir, aunque sea para autoconsumo, algo que deje constancia de la crisis existencial que arrastro desde hace tiempo. No, no es debido a la crisis, a la pésima situación laboral con la que me he encontrado al salir de la carrera o a la incertidumbre del futuro de España o la humanidad. Sino a las preguntas sin respuesta sobre la vida misma, la existencia y la muerte.

Evidentemente, como cualquier ser humano desde que adquiere consciencia, me he preguntado una y mil veces sobre de dónde venimos, adónde vamos y por qué estamos donde estamos. Pero fue este verano, durante una conversación -muy alegre ella- sobre seguros mortuorios, entierros e incineraciones, cuando me dí verdaderamente cuenta de que todos vamos a morir. Sí, siempre lo he sabido, pero la sociedad intenta ignorar -no sé con qué fin, si puramente inconsciente o si hay algún interés consumista o estatal para que no nos relajemos y vivamos la vida en plenitud- con miles de entretenimientos ese hecho, igual que parece obviar que en algún momento envejeceremos. Como escuché hace tiempo, se nos prepara para estudiar, para trabajar, para formar una familia, para educar a nuestros hijos, etc., pero no para envejecer y morir.

A lo que iba. Durante esa noche de agosto, la verdad cayó sobre mí como el plomo. Y, desde entonces, no he dejado de replanteármelo todo. Siempre he creído y creo en un Dios, una inteligencia creadora a la que como humanos no podemos llegar a entender; pero también me planteo si después de la muerte, no habrá más que nada, que no-existencia, que la misma oscuridad e inconsciencia que había antes de que naciéramos. Lo más importante, desde mi punto de vista, no es eso que llamamos "alma", sino la consciencia; el saber que existimos (como decía Descartes, "pienso, luego existo"), los recuerdos y todo lo almacenado durante una vida. No me importa si tras la muerte sólo queda eso, la consciencia, mientras mis partículas pasan a formar parte del todo (como sucedía en esa gran aunque menospreciada saga literaria -con su incursión fracasada en el cine- llamada La Materia Oscura de Philip Pullman). Al menos sabré que mi vida ha tenido un sentido y la mantendré conmigo. Del mismo modo, ¿qué sucede con aquellos seres que no llegan a desarrollar consciencia -bebés, animales, etc.- o los que la pierden -ancianos seniles-? Lo peor, evidentemente, sería la total oscuridad, la no-existencia; ¿qué sentido tiene algo si luego desaparece por completo, si nisiquiera ese algo lo recuerda?

Nunca he creído que la Existencia (con mayúsculas) sea fruto de la casualidad: puede que nosotros seamos casualidades, que casualmente un planeta disponga de las condiciones necesarias para que unas células evolucionen hasta dar con una máquina tan perfecta como el ser humano. Pero ¿y el universo? ¿Pueden millones y millones de galaxias, en un espacio infinito (tampoco creo que los humanos podamos comprender el término "infinito") estar ahí porque sí, con movimientos y operaciones matemáticas? ¿En ese caso, no hubiera sido más fácil que no existiera nada? Eso me hace plantearme otra cosa más, que me aboca al vértigo: ¿qué habría si no hubiera nada? ¿si no existiera tal universo? ¿qué es la nada? ¿nos vamos a esa nada después de morir? Y ya puestos, ¿existen las realidades paralelas? No un Star Gate, sino diferentes planos de existencia, millones de ellos.

Si alguien ha llegado hasta aquí: no, no me he fumado ni tomado nada raro (odio el tabaco); ni siquiera he visto Redes o algún extraño programa de La2. Es lo que tiene darle vueltas a la mente. A veces preferiría no tener tantas preocupaciones vitales y vivir lo terrenal sin cuestionarme nada; creer en alguna de las religiones con fe ciega y sonreír el último día de mi vida esperando a recibir el Reino de los Cielos, el Nirvana o los diferentes paraísos profetizados. Pero no es esa mi situación. Así que me digo a mí mismo que la única respuesta es la de vivir cada segundo de la vida, disfrutar de las personas con las que hemos tenido la suerte de coincidir en esta vida (familia, amigos, animales) y que venga lo que tenga que venir.
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